La foto que informa

No hay imagen más convincente que la que se encuentra en movimiento.

A la memoria de Erick Estrada. QEPD

A lo largo de la semana anterior se llevó a efecto, en Valencia, España, el Festival PhotON en su quinta edición. Dedicado al fotoperiodismo, aclara que se realiza en uno de los peores momentos que haya conocido el género, por lo que buena parte de sus actividades se centraron en la reflexión y cuestionamiento del oficio. Exposiciones, ciclo de cine, visionado de portafolios, coloquios y otros, se preguntaron a lo largo de la semana por lo que ha sido el fotoperiodismo, pero sobre todo por lo que será de él y las formas que pueda asumir en el futuro, un futuro, sin duda, demasiado cercano para esta clase de actividades.

            Como tantas otras cosas en el siglo XIX, el fotoperiodismo es resultado de una serie de variables que en el momento justo se entrecruzan y hacen posible la aparición o génesis de un proceso, un objeto, una actividad. No podemos pensar en el fotoperiodismo sin un aumento en la demanda de información, esto es, sin la formación de un público cada vez mejor educado, deseoso de estar informado. El crecimiento de lectores forzó, consecuentemente, a un mejoramiento en la tecnología responsable por la impresión de los periódicos hasta llegar a la rotativa que se introduce en el mercado a partir de 1863.

            Factor determinante en el desarrollo del fotoperiodismo fue la incorporación de la imagen fotográfica a las páginas de los diarios. Prácticamente desde el siglo XVII se acostumbró a acompañar ciertas notas con imágenes fueran o no de actualidad. Se trata de reproducciones a partir de grabados en madera que incluso se seguirán empleando como medio para llevar las imágenes fotográficas al papel periódico; no es sino hasta la segunda mitad del siglo XIX que se hará posible ilustrar revistas y periódicos con fotografías, y aunque las primeras que cumplieron esta función están lejos de lo que conocemos por fotoperiodismo, pronto se fue definiendo el género en particular a partir de las imágenes de las guerras de Estados Unidos contra México (1846-48) y la de Crimea (1853-55) en las que fue posible tener noticias escritas e imágenes que las ilustraran.

            Se puede decir que las causas ideológicas y conceptuales que dieron origen al fotoperiodismo son las mismas que garantizaron, prácticamente a lo largo de un siglo, su fama y prestigio. Creencias tales como la objetividad de la fotografía, su registro impersonal, su dependencia tecnológica, el no poder sobornar los negativos, y el constante peligro que corren quienes se dedican al oficio son algunas de ellas, a las que hay que sumar el prestigio del medio (periódico o revista), su compromiso con la verdad y el indeclinable deber de informar sin distorsión, creencias, posturas, juramentos éticos, etc., que hoy día se ponen en entredicho.

            Me parece que las dudas que actualmente puede levantar el fotoperiodismo no son forzosamente la causa principal del mal momento en que se halla el oficio. La mala fama de la que goza la manipulación electrónica de las imágenes, sean o no informativas, tiene que ver más con la necesidad de disfrazar la realidad a fin de no restarle espectacularidad, que con el sesgo político, ideológico, económico, que pudiera inducirse a través de su alteración. Ni siquiera la sustitución de fotorreporteros por repartidores de pizzas como ha sucedido ya en Hong Kong, me parece tan seria y/o profunda como la migración de la prensa en papel a la electrónica. En la medida que se vuelva general y democrático el acceso a internet, se irá completando esta transformación; pero ello en sí mismo no supone ningún riesgo para el fotoperiodismo, ni siquiera el que se haga cada vez más uso de imágenes obtenidas por no periodistas o fotógrafos. Lo que este cambio implica para el fotoperiodismo, creo yo, es la sustitución de la imagen fija por la que tenga movimiento, o si se prefiere, la vecindad a la que el desarrollo de los medios de comunicación masiva condena a la imagen fotográfica. Es un hecho, no sólo que hoy día nos podemos comunicar cara a cara vía internet, que podemos realizar un sinnúmero de actividades sin salir de la oficina u hogar, sino que también se puede contemplar el mundo exterior, en el sitio y momento en que se desee, exactamente como si se estuviera viendo una película. Y es que no hay imagen más convincente que la que se encuentra en movimiento. Informar a partir de ellas no es lo mismo que el fotoperiodismo tradicional, por lo que habrá que desarrollar nuevas habilidades, conocimientos, prácticas, con todo lo cual, efectivamente, el oficio, tal y como lo conocemos, se irá quedando atrás.

xavier.moyssenl@udem.edu

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