¿Qué recordar?

Cual sea el año del que se trate todos guardan nombres, sucesos, hechos para recordar, ya sea individualmente, por grupo o región, o inclusive nacional e internacionalmente. Así que el año que acabamos de cerrar no tiene por qué ser la excepción, o ¿no será recordado por el triunfo de los Cachorros de Chicago, la muerte de Fidel Castro, el Brexit, el temible ascenso del señor Trump al gobierno de los Estados Unidos, o la caterva de gobernadores ladrones en México, entre otras tantas cosas que más que recordar pareciera que mejor deberíamos olvidar?

Si por campos o áreas de actividad específica hacemos el ejercicio, la que contiene todo lo relativo a la cultura (de los objetos y sus productores a la administración de los espacios, su estudio y difusión) tampoco es excepción y, por el contrario, sí conservará muchos datos, mucha información, que es y será bueno recordar y más vale la tengamos desde ahora presente. Lamentable, sin duda, fue el deceso del primer secretario de Cultura en México, Rafael Tovar y de Teresa (1954-2016), quien por lo menos logró ver realizado su sueño de convertir el Conaculta, organismo del que fue presidente durante el gobierno de Salinas de Gortari y el actual, en una secretaría que no estuvo/está exenta de críticas y controversias.

Si bien es cierto que hacia el interior una institución como esa –la secretaría– aún tiene muchos puntos que aclarar, definir y poner en operación, el mayor problema que enfrenta y enfrentará, lo mismo que todos los organismos oficiales destinados a atender la cultura, es el tema de los presupuestos; no hay área más vulnerable que ésta cuando de recortes, racionalizaciones, ahorros o sacrificios se trata. Podremos ser, sin duda, uno de los países más ricos y prometedores en materia cultural, pero de nada sirve sin un presupuesto no sólo generoso, sino verdaderamente consciente de la importancia que tiene el mantenimiento y apoyo a este campo.

Idéntico problema será el que tenga que enfrentar, como se apunta más arriba, el Conarte; esto es la falta de suficientes recursos para lleva a cabo satisfactoriamente sus funciones, con la agravante de que si el año pasado sus actividades fueron mínimas y algunas controversiales, hoy con un presupuesto más que recortado no habrá, por desgracia, mucho más que esperar de él. Pero si el sector público será quien más pronto deje ver los efectos de los recortes, la iniciativa privada padecerá lo mismo, sólo que con consecuencias y efectos distintos. El 2016 tuvimos la fortuna de festejar los 25 años de existencia del Marco, exposiciones como las de Boltanski, Otto Dix, Toujours o Abstracciones, conformaron el programa de actividades con que se celebró este aniversario, pero no hay que perder de vista que se trató de un año con un motivo extraordinario, que quizás por los problemas económicos que se avecinan no se vuelva a repetir.

Lo mismo se podría decir de la edición número 12 de la Bienal de Arte de FEMSA. Es decir, el ritmo de actividades que sostuvieron como preparación para una de las dos muestras que montaron, incluso, el tipo de muestra que fueron, difícilmente se podrá repetir este año, no sólo porque no corresponde a la anualidad que se han impuesto, sino por los recursos que demanda el seguimiento de un programa con tales características e inclusive por la misma polémica, o si se prefiere por su ausencia, resultado, al parecer, no previsto por los organizadores.

En su momento no fue ni la primera ni la última vez que insistimos en la necesidad que hay de revisar este tipo de eventos (concursos y competencias por premios establecidos), pues lo mismo por su representatividad y equidad que por verse superados por otras vías de promoción y proyección, sus resultados dejan mucho que desear o están en las antípodas de lo que fueron alguna vez. Dígase lo mismo de eventos como la Reseña de la Plástica de Nuevo León, el llamado PFC (que ha sido dado por concluido, al menos en lo que toca a Nuevo León) e incluso la Bienal de Fotografía patrocinada por el Centro de la Imagen, entidad federal responsable por las actividades en este ramo.

Entre la falta de presupuesto y las controversias que se dan en torno a las actividades públicas y privadas en materia cultural, quizás sea conveniente voltear a ver hacia otro tipo de proyecto, por ejemplo la exposición Paisaje emocional, montada en la Casa de la Cultura de Nuevo León, o Daños colaterales, presentada por El Móvil, espacio múltiple en la Escuela “Adolfo Prieto”. Ambas muestras, armadas con muy bajo o ningún presupuesto, resultan reveladoras porque dan paso a visiones, versiones, lecturas sobre material quizás ya conocido, pero que en esta reaparición o representación se renueva y abre la promesa de contar con la novedad a la que obliga y obligará la parquedad o carencia de recursos.

Además de las exposiciones promovidas por el Marco vale la pena mencionar las que se montan en el Museo de Historia Mexicana, dos en especial fueron significativas el año pasado: Mexicas, esplendores de un Imperio, y Miguel Cabrera, las tramas de la creación. Se trata, igualmente, de exposiciones pequeñas, pero con piezas muy bien seleccionadas y un guión didáctico que entretiene e interesa a toda clase de público que en gran número visita el museo. Complementan esta acción con un vigoroso y permanente programa de charlas y conferencias que al paso del tiempo ha ganado un nutrido y letrado público.

Así pues, empezamos otro año, lo que de aquí pase en adelante en 365 días lo estaremos recordando. Ojalá haya algo más que decir que la tristeza de ver languidecer a la cultura.

moyssenl@gmail.com 

www.veryrepresentar.blogspot.com