No existe el "Artemergente"

Estoy seguro que quienes propusieron este nombre saben bien que no existe y que es un error.

Qué pena tener que iniciar de esta manera, pero decir o escribir Artemergente es un barbarismo, una tontería. Estoy seguro que quienes propusieron este nombre saben bien que no existe y que, al menos en español, es un error juntar de esta manera dos palabras. Hacer este señalamiento, lo sé, es una necedad mía, lo admito, pero no por su aparente inocencia o inocuidad se debe dejar pasar; es a partir de estos detalles mínimos, sin importancia, que se va deformando el idioma —y todo lo demás—, y quizás eso no sea importante para nadie, pero para mí, que nací y crecí en este país, es algo tan relevante como que en su integridad va parte de nuestra identidad, tema que tampoco importa a muchos, y aun así hay que defender si no queremos acabar siendo un champurrado de todo y de nada.

La palabra esta es el nombre que se le impuso a la exposición resultante del concurso realizado bajo el cobijo de la Bienal Nacional de Arte Emergente que se inauguró el día 26 en el Centro de las Artes en el Parque Fundidora.

La muestra exhibe un total de 50 piezas de 33 productores de distintos estados del país. El número es ligeramente superior al exhibido en eventos similares, pero continúa siendo escandalosamente bajo si tomamos en cuenta que el total de participantes fue de 625, es decir, apenas un 5.92% resultó elegido. Datos que cuestionan no el resultado con el que se ha armado esta muestra, sino la vigencia de estos procesos como medios a través de los cuales se pueda dar cuenta —lo más cercano a lo que sucede en la práctica cotidiana— de lo que se produce.

Dejemos lo anterior de lado para concentramos en lo que se expone. No deja de sorprender, por ejemplo, la casi ausencia de la fotografía, cuando en otros concursos del mismo tipo ocupaba un espacio importante.

Igualmente, la presencia de la escultura u objetos escultóricos resulta relevante, de hecho los dos apoyos que se entregaron junto con el premio de adquisición recayeron en trabajos de esta naturaleza, la pieza del llamado colectivo Salazar, y las cerámicas de Andrés Anza C., junto a ellos había, por lo menos, otros cinco productores; cifra, comparada nuevamente con otras ediciones de este mismo concurso, o de similares, que esperamos sea indicativa del interés creciente por el quehacer tridimensional entre los productores más jóvenes.

Dos aspectos más me parecen dignos de mención. Por una parte la participación de los trabajos en video que por primera vez en mucho tiempo presentan una calidad uniforme; destacan las obras de Édgar Luna Celis (quien obtuvo el premio de adquisición), Adrián Regnier Chávez, y Carlos A. Hoyos (cuyo trabajo, desde mi punto de vista, resulta el más interesante y mejor construido de lo presentado.) También hay que mencionar el trabajo-proyecto de Yolanda García Ceballos, un excelente ejemplo del equilibrio que debe guardar esta clase de obras en las que la información es vital pero no al grado de suplantar a lo visual.

Finalmente. Cuando llegué a las salas de exhibición del Centro de las Artes y leí la primera de las tres cédulas de presentación, me imaginé un recorrido chato y pobre en referencias a la cotidianeidad que se viven en el país. Y es que quienes sirvieron de jurado en esta ocasión afirman, en dos de estos textos y/o en las ruedas de prensa que ofrecieron, que esperaban ver referencias a la situación económica, política y de violencia por las que pasa el país, y que sin embargo lo que perciben en lo que se sometió a su juicio, fue otro tipo de preocupaciones, preocupaciones lejanas a sus expectativas y más bien centradas en lo individual y en la factura de la obra. Creo que lo externado no es exactamente cierto, hay, como siempre en estos eventos, de todo incluidas piezas que hablan abierta y explícitamente de lo que sucede en el país. El que no todos los productores estén tratando, reflexionando y/o pronunciándose sobre estos temas a partir de su obra, puede tener muchas aristas que lo expliquen, no es forzosamente por falta de interés, madurez o sensibilidad al respecto. Esperar encontrar una presencia absoluta de estos temas en el trabajo de los jóvenes productores y expresarlo de esa manera me parece un grave prejuicio que pudiera llegar a cuestionar la objetividad del jurado convocado en esta ocasión. 

xavier.moyssenl@udem.edu

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