La escuela

A la pregunta de si vale la pena pelear por este espacio hay que dar un rotundo SÍ.

Para cuando escribo estas líneas se estará llevando a cabo la reunión entre vocales y autoridades del Conarte. Para cuando las publiquen ya se sabrá más respecto al destino de la escuela Adolfo Prieto, de la postura que tiene la presidencia del Conarte ante su posible cambio y la de sus vocales, así como sobre el rumbo que tomará este conflicto de intereses.

No deja de ser paradójico que mientras el presidente Peña Nieto, durante la celebración del 25 aniversario de la creación del Conaculta (enero 16), le pide a su titular, Rafael Tovar y de Teresa, lleve a Michoacán todo lo que pueda de cultura a fin de colaborar con el restablecimiento del tejido social de tan golpeado estado, aquí en Monterrey se esté limitando y entorpeciendo a una de las instancias, del propio Gobierno Estatal, dedicadas a la preparación y sensibilización de  futuros productores, curadores, administradores, por la única y soberana razón de que a alguien se le ocurrió que sería muy bueno meterle mano a la escuela Adolfo Prieto, para convertirla en algo mucho más útil y necesario: oficinas para la Secretaría de Desarrollo Social, borrando de un dedazo el origen y vocación del inmueble y del parque en que se encuentra ubicado.

De poco sirve apelar a leyes, reglamentos, normas, pues se trata de un acto de pura autoridad irracional, contra el cual poco se podrá hacer. Si ya lo hicieron al sacar del antiguo Palacio Federal las oficinas del mismísimo Conarte, y nadie chistó, por qué no hacer lo mismo con esta escuelita y luego con cada una de las naves que forman el Centro de las Artes en el Parque Fundidora, total, ¿a quién le importa?

Al término de la ceremonia a la que he aludido al inicio de estas líneas, entre otros comentarios hay dos que vienen al caso, el primero de ellos se refiere a que aún falta la creación de un marco jurídico que dé permanencia, autonomía y solvencia al consejo. El segundo borda sobre la discusión de si habría que crear una Secretaría de Cultura que sustituya al Conaculta. Respecto al primero, quizás al tener leyes específicas que defiendan el origen, patrimonio y funciones de estos consejos, las autoridades piensen dos veces hacer cualquier acto que atente contra ellos. Sobre la creación de una Secretaría de Cultura, habría que pensarlo dos veces, y muy bien, porque si en un consejo se actúa sin el consenso de los consejeros, que es ante quienes deberían responder sobre sus actos y ejecución de funciones antes que a cualquier otra autoridad (como es el caso de la escuela Adolfo Prieto), hay que imaginar qué sucedería con una secretaría en donde finalmente sólo se recibiría línea de la Presidencia que es quien controlaría su presupuesto y nombramientos.

A la pregunta de si vale la pena pelear por este espacio hay que dar un rotundo SÍ, como debió darse contra el cambio de oficinas del Conarte, a la desaparición de sus galerías en el centro de la ciudad, a la amenaza de cierre que siempre pende sobre la Escuela Superior de Música y Danza por falta de presupuesto, al Ballet de Monterrey, o el Cedart, porque independientemente del número de alumnos y del éxito de sus programas, con que en sus aulas y patios haya habido un solo alumno que ahí haya aprendido que es mejor dedicarse a estas actividades que andar vagando, pegarse un tiro en la soledad, robando, volverse miembro de pandillas, o peor aún, participando con el crimen organizado, se habrá cumplido, y con creces, la función para la que existen estos lugares.

Por último. Más arriba afirmo que se pueden llevar a cabo estos actos de autoridad porque, finalmente, a nadie le importan, pues resulta que estoy equivocado de principio a fin, la respuesta que ha dado la comunidad cultural de la ciudad, ha sido ejemplar, la correcta, la única que se podría tomar ante este atropello. Que a nadie sorprenda el que nuestros productores protesten, pues de entre las funciones que debe tener la producción artística se encuentran las de despertar conciencias, señalar rumbos divergentes, denunciar la arbitrariedad. Para eso es que los hemos estado educando en escuelas como la Adolfo Prieto. Enhorabuena.

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