Otto (I de II)

Como parte de los festejos con que celebra su aniversario número 25, pero también aprovechando que el 2016-2017 ha sido designado el año dual México-Alemania, el Marco de Monterrey, junto al Munal y el Goethe-Institut Mexiko, han organizado la extraordinaria exhibición Otto Dix. Violencia y pasión, abierta al público el pasado viernes 17. Formada por más de 150 piezas entre dibujos, pinturas y obra gráfica, es la primera gran exposición retrospectiva de este productor alemán en México y América Latina. Por su extensión y variedad de técnicas, más que de temas, abordaré en esta primera entrega un panorama general del artista y su obra, que nos permita entender su importancia e influencia en el arte del siglo XX, para concentrarme la semana entrante en su obra gráfica.

Quiso el destino que el mismo año en que Otto Dix (1891-1969) se diera a conocer como pintor estallara la Gran Guerra (1914-1918), un conflicto armado como nunca antes se había visto, en el que más de 70 millones de efectivos se movilizaron por prácticamente todo el mundo y cobró, conservadoramente, 9 millones de vidas, más que cualquier otra guerra de ese siglo. Quisiera detenerme en este punto. Por fortuna la mayor parte de nosotros no ha tenido la experiencia de verse involucrado en una situación semejante fuera de la dimensión que fuera, es, en consecuencia, muy difícil, sino prácticamente imposible, el imaginarnos qué pudo haber sido tal suceso, cómo afectó a la población, máxime tomando en cuenta que no se tenían antecedentes sobre esta forma de llevar a cabo una guerra, ni de su magnitud, y que el arranque del siglo se había mostrado, al menos culturalmente hablando, más que optimista, las artes visuales, como las ciencias, la tecnología, filosofía y demás disciplinas contemplaban un mundo completamente nuevo, lleno de retos, en espera de las más espectaculares innovaciones, aportaciones a lo que se empezaba a perfilar como una nueva forma de vida. Así que imaginemos el panorama como el día más brillante y prometedor que de pronto es amenazado de muerte por la más violenta de las tormentas que se acerca a toda prisa.

Me he querido detener en este punto porque es ahí donde encontraremos las causas, las razones, los motivos e incluso los temas de la obra de Dix, pero no sólo en la de él, sino que me atrevería a decir que de la mayor parte de la pintura alemana del siglo XX, de Dix a Kiefer pasando por Kirchner, Beckmann, Macke o Immendorff, porque a los desastres de la Primera Guerra hay que sumarle los no menos graves de la Segunda y la cauda de consecuencias que trajo consigo. No ha sido, pues, sencilla la vida para los productores alemanes, pues han sido actores, espectadores y víctimas de las peores tragedias bélicas del siglo que nos antecede y a pesar de ello no hay quien pueda negar su contribución al mundo de la pintura, la literatura, la música, la filosofía, las ciencias en general. Esta, creo yo, es su mayor desgracia, vivir permanentemente en esta contradicción. Creo que esto es algo de la que se ve claramente en la obra de Dix.

Por tanto no sólo lo pondría a la cabeza de la pintura alemana del siglo pasado, sino incluso emplearía la obra que fue produciendo a lo largo de su vida como ejemplo de la evolución de una de las ramas más robustas del arte del siglo XX, la figuración expresionista.

Pero la lección del pintor alemán va mucho más allá que eso, no sólo es un hijo de su tiempo y un modelo de las tendencias que la pintura del siglo XX persiguió principalmente en su primera mitad, sino que la grandeza de su trabajo hay que encontrarla en la manera en cómo se convirtió en su vida, en su forma de ser; para Dix su pintura, claro está, era un oficio a través del cual se ganaba la vida, pero también el medio que le permitía no sólo comentar su época y sociedad, sino participar en ella activamente. En este sentido, en el compromiso del pintor con su medio, creo, está el espíritu que hace la diferencia entre productores como él y los políticamente correctos de hoy.

xavier.moyssenl@udem.edu 
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