De educación, premios y sociedad

Es tarea de la educación universitaria el promover, formar y apoyar alumnos independientes.

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de participar en el primer Encuentro Internacional de Artes Visuales organizado por la Facultad de Arte de la Universidad Autónoma de Baja California, plantel Ensenada. Como lo dije en su momento, lo mejor de viajar es conocer personas, dialogar y compartir experiencias, entrar en contacto con otras ideas, expectativas, modos de vida, realidades físicas y sociales. Los estudiantes, que no los maestros, son los mismos en cualquier lugar del mundo, pero sería un error creer que todos son lo mismo, su individuación o si se prefiere aquello que los distingue entre sus pares, es lo más valioso que tienen y lo que, quizás, como maestros universitarios, deberíamos fomentar. Por lo pronto, apunto que entre lo que más me llamó la atención está el número de alumnos inscritos en la carrera, inusualmente alto para nuestros estándares y la cantidad de población de aquella entidad (aproximadamente 40 alumnos en Artes Visuales en cada uno de los tres planteles que tiene la UABC, Ensenada, Mexicali y Tijuana; a los que habría que sumar los alumnos de Música y Artes Escénicas, o sea estamos hablando de un promedio de 150 alumnos por plantel).

Compartí créditos, entre otros, con José Manuel Springer, destacado maestro e investigador de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes. Su participación, que fue impecable, precisa y sin desperdicio alguno, se centró, por una parte, en una feroz crítica a las políticas culturales del país (o a su ausencia más bien) encarnadas en el Conaculta y, por otra, en la presentación de proyectos alternos de alta incidencia social. El eje de su charla fueron los infortunados sucesos de Ayotzinapa.

Este mismo fin de semana nos enteramos también que Isabel Steva Hernández, mejor conocida como Colita, renunciaba al Premio Nacional de Fotografía en España, sumándose a Jordi Savall, quien en la semana había hecho lo mismo con una de las modalidades del Premio Nacional de Música, por lo que, al menos, hay 5 o 6 productores e intelectuales españoles que dirigiéndose al señor José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte; le agradecen la distinción pero se niegan a aceptar el premio de manos suyas o de cualquier otro agente del gobierno, ya que se inconforman con las políticas que esta instancia ejecuta y que creen son, no sólo inadecuadas, sino auténticamente contrarias al fomento, promoción, apoyo y reconocimiento de la cultura y sus creadores.

Independientemente de la postura que cada uno pueda tener al respecto, me parece que prefiero el ejemplo de los galardonados españoles para mostrar a los alumnos la dignidad, conciencia y creencias que debe tener un productor, y cómo y cuándo puede usarlas para incidir en su comunidad, para mostrarle su postura, para dar voz a una inquietud social, para simplemente protestar en contra de lo que se cree está mal, que sólo sembrar la zozobra, la incertidumbre del futuro, la impotencia o la rabia del momento. No es lo mismo estar en contra cuando se es parte del sistema que rechazar una distinción nacional, que es el reconocimiento a una trayectoria, a una vida entregada al arte, que además viene acompañada de una cantidad económica nada despreciable.

Creo que es tarea de la educación universitaria el promover, formar y apoyar alumnos independientes, con criterios bien definidos y una clara orientación social, pero especialmente son los estudiantes de humanidades, de artes y carreras afines, quienes deben desempeñar el papel de la conciencia crítica de su comunidad. Si de verdad creemos que más que una frase trillada, quienes hoy se sientan frente a nosotros serán quienes nos releven mañana, entonces más vale que nos hagamos a la idea de que quizás no vaya a quedar mucho de nuestras ideas, sino que serán las de ellos las que modelen lo que sigue. Cada generación tiene que enfrentar al futuro y con él a su relevo, quizás lo que conmociona al país en este momento sea la señal inequívoca de que el tiempo del cambio ya llegó.

xmoyssen@udem.edu.mx

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