Lo que hay, lo que debería haber y lo que quisiéramos

Sería deseable  empezar por reforzar las colecciones del estado y seguir contando con el apoyo de los coleccionistas particulares.

A fines de noviembre de 2014 se inauguró la muestra con que el Museo de Historia Mexicana conmemoró sus primeros 20 años de existencia. Por diversas razones no había tenido oportunidad de acercarme a ella, no obstante acabaron por atraerme un enorme negativo en cristal de don Jesús Sandoval, fechado en torno a 1900, propiedad de la Fototeca del Tecnológico de Monterrey, y el título mismo de la exposición, Celebrando 20 años. Colecciones de hoy, museos delmañana. Se presta pues, como se ve, para hablar del futuro o por lo menos de lo que nos gustaría fuera el mañana.

La exposición posee un singular interés ya que está armada con piezas provenientes de diferentes colecciones de la ciudad, tanto públicas como privadas, piezas que, como dice una de las cédulas de sala, nunca antes habían sido expuestas en público y quizás nunca más volvamos a ver. La joya de la exhibición es la instalación que recrea una de las versiones más espectaculares de lo que fueron las Cámaras de las Maravillas, supuesto origen de nuestros museos.

Esto es, pues, lo que hay. Un valioso conjunto de piezas individuales, que es de suponer están, donde quiera que estén, acompañadas por algunas otras de características similares. Representan un amplio catálogo de gustos y preferencias, desde aquellos que se interesan por lo prehistórico, pasando por lo precolombino, hasta llegar al tardío siglo XX. Hay pintura, por supuesto, pero también textiles, piezas de orfebrería, mobiliario, escultura y fotografía. Me parece, por tanto, que no queda duda de la presencia de un importante grupo de compradores que, aunque reducido, se ha tomado el tiempo necesario para hacerse de ciertas obras —aunque no debería ser así, las piezas más valiosas y atractivas son propiedad de particulares. Llama la atención que no haya una colección privada de arte local, ni que se haya insistido en este punto a través de las colecciones públicas.

Lo que no queda muy claro es si a todos los participantes, incluidas las instancias públicas, se les debería tomar por verdaderos coleccionistas, pues no es lo mismo adquirir porque heredo, porque me gusta y me resulta agradable, porque sé de la importancia que tiene este o aquel objeto, que comprar siguiendo objetivos precisos, definidos y bien orientados. El comentario tiene que ver con la necesidad de generar y promover esta clase de actividades —me refiero al coleccionismo— a todo nivel, es decir, como una acción que funciona sí como inversión, sí como decoración, sí como prestigio, sí como aportación cultural, sí como expresión de mi gusto, personalidad, cultura y espiritualidad, pero también como una de las principales palancas que participan en la correcta marcha del mercado del arte del que depende un buen número de personas, desde los productores hasta las instituciones que nutren sus muestras con su trabajo. Un verdadero coleccionismo que tenga un ojo puesto en lo que hay fuera de la ciudad, pero el otro en lo que aquí se crea es más que necesario, pues con él se demostraría, entre otras cosas, que no se necesita el gran capital para formar una buena colección, sino que las hay, idénticas en importancia, al alcance de bolsillos más cortos.

El mismo comentario también está hecho pensando en la segunda parte del título de la exposición: Museos del mañana, expresión del deseo de que en un futuro estas colecciones enriquezcan algún museo. Por muchas razones que no se pueden explorar en tan breve espacio, en nuestro país no existe la tendencia a formar estas instituciones a través de colecciones que al paso del tiempo fueron formando personas o instituciones privadas, ¿sería algo deseable? Sin duda, y se debería trabajar en crear las condiciones para que se pudiera hacer. Pero, cuidado, no es posible o no sería recomendable hacer un museo por cada conjunto de objetos que haya por más valiosos que pudieran ser. En el caso de nuestra ciudad, ya lo he expresado en otras ocasiones, creo que sería deseable empezar por reforzar las colecciones del estado, al tiempo de seguir contando con el apoyo de los coleccionistas particulares y, entre todos, concebir y realizar el gran Museo de Arte de Monterrey o como quiera llamársele, en el que efectivamente estuvieran expuestas de manera permanente las mejores piezas que se encontraran en la plaza. No muchos museos a futuro, sólo uno que despertara, por sus colecciones, la admiración y elogio de propios y extraños.

xavier.moyssenl@udem.edu

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