Un cuarto de siglo

Lo más importante para la Pinacoteca es lograr su constitución como espacio del Conarte.

Hace exactamente una semana, la Pinacoteca de Nuevo León celebró sus primeros 25 años de vida, un cuarto de siglo. Para una persona este lapso suele ser definitorio, para una institución quizás no, aunque tratándose de una de carácter público, oficial, de gobierno pues, y del mal llamado interior del país, sí puede y significa muchísimo, razón por la cual resulta complicado hacer una evaluación de su trayectoria que sea enteramente justa.

En su intervención durante la ceremonia conmemorativa, Jorge García Murillo unió la suerte, destino y función de las instituciones a la personalidad o características propias de las personas que las dirigen. Así, según esto, la trayectoria de la Pinacoteca ha dependido de quienes han sido sus tres únicos directores (sí, por extraño que parezca sólo han sido tres), José Doria, quien fungió como director desde su fundación y durante el periodo que permaneció en las instalaciones del Parque Niños Héroes en el antiguo Campo Militar (que por cierto, no coincido con García Murillo en que esas instalaciones eran inadecuadas, creo que incluso resultaban mejores que las actuales. Lástima que se desatendió al parque, lo que terminó por alejar al público habitual y al potencial de la Pinacoteca. Un apunte más, la muestra con que abrió fue organizada por la arquitecta Rocío Garza Leonard, a partir del trabajo que realizó se ha seguido enriqueciendo el acervo y la colección de la institución).

Al quedar prácticamente abandonado el Parque Niños Héroes y coincidiendo con la apertura del Centro de las Artes (1998), ahora en el Parque Fundidora, asistimos a la segunda etapa de la Pinacoteca y su traslado a estas nuevas instalaciones, encargándose de ella el arquitecto Eliseo Garza Salinas (qepd). Finalmente, en el 2007, al cambiar nuevamente de ubicación, ahora integrada al complejo del Centro Cultural Universitario de Colegio Civil, llegamos a la tercera y actual etapa de la institución, dirigida, desde hace nueve años, por Elvira Lozano de Todd.

Así pues, y en efecto, cada uno de ellos ha dejado impresa en la historia de la Pinacoteca sus gustos e intenciones, así como su propia interpretación de lo que debe ser y cómo ha de funcionar. Aunque coincido en lo general con esta visión sintética del maestro García Murillo, según mi propia apreciación, no es sino hasta los tiempos más recientes que la institución logra ubicarse o definir correctamente su misión y vocación.

Si evaluáramos estos primeros 25 años, la naturaleza de sus resultados dependería de lo que pensemos acerca de la evolución de la actividad simbólica, artística si se prefiere, de la propia ciudad. Si hoy la Pinacoteca parece ser una institución a punto de lograr su madurez se debe a que nuestra sociedad ha avanzado en esa dirección y está lista para convertirse, de contar con todas las variables, en importante polo cultural. Más que ver tres estilos distintos –que sí los hay– veo esfuerzos por caminar en esa dirección, es decir, por empezar contando con una institución que se responsabilice por la preservación, conservación y difusión de la historia de las artes plásticas de Nuevo León.

En la misma intervención, Jorge García Murillo señaló lo que para él son los retos que ha de afrontar la Pinacoteca en el futuro próximo. De entre las diversas ideas que expuso recojo dos de las que me parecen más importantes. La primera de ellas es la que plantea la posibilidad de que la Pinacoteca cuente con su propio programa de televisión y/o de radio a fin de difundir, explicar y propiciar el diálogo en torno a sus actividades y funciones. La otra, la necesidad de tener presencia, a través de exposiciones y actividades conexas, en otros estados del país e incluso del extranjero.

Por mi parte, y sin desechar ninguna de estas u otras ideas que ahí se plantearon, insisto en que lo más importante para la Pinacoteca es lograr su completa y definitiva constitución como espacio cultural dependiente del Conarte. La Pinacoteca no puede ser parte del Centro de las Artes, ni de los Tres Museos, Casa de la Cultura de Nuevo León o Museo de las Culturas Populares, como tampoco de la UANL o cualquier otra institución. Cuidemos lo que hasta ahora ha logrado, que se le dé lo necesario para continuar con su trabajo y operación como hasta ahora, y se le permita plantear su propio futuro. Hace 25 años tener una Pinacoteca quizás pareció a la mayoría un desacierto, hoy en día no pensar en ella, no tenerla presente, equivale a negarle a muchos ver, aprender y reconocer parte de su propia historia.

xavier.moyssenl@udem.edu

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