Monterrey, fotografías e historias

El pasado sábado, el 9 de abril para ser exactos, inició un nuevo ciclo de conferencias en el Museo de Historia Mexicana, en esta ocasión bajo el subtítulo de "Nuevo León en la lente". Reza su descripción "Desde la llegada del daguerrotipo, gran parte del patrimonio tangible e intangible ha sido captado por la lente de importantes fotógrafos. Nuevo León tiene un importante registro visual, que abarca más de cien años de historia y documenta la transformación de las tradiciones y la sociedad, así como del paisaje natural y urbano". Se trata, pues, de ir conociendo, revisando o escribiendo la historia de nuestro estado acompañados de la imagen fotográfica y lo que pueda aportar a la comprensión de sí misma y de este quehacer.

El ciclo, coordinado por los historiadores Jaime Sánchez y Arturo Jacinto Oviedo, consta de siete conferencia que culminarán el próximo 28 de mayo, cubre temas como "La Sociedad Fotográfica de Monterrey" (1907-1925) que impartirá Roberto Ortiz Giacomán, "Guillermo Kahlo y el Archivo Fundidora (1913-1986)" por Alberto Casillas y Jaime Sánchez, o "La fotografía postmortem: Rosendo Villanueva (1940-1970)" dictada por Enrique Tovar Esquivel.

El sábado anterior se llevó a cabo la charla "Un mundo artificial: Mobiliario y fondos en la fotografía del siglo XIX", impartida por Gustavo Amézaga Heiras. Un tema por demás interesante, o mejor dicho, una línea de investigación especializada que viene del estudio del (tema, género) "Retrato, capítulo. Retrato de estudio". Aunque desde un principio se advirtió que el trabajo del que dependía la plática se encuentra aún en proceso, si se echó de menos un poco más de rigor académico o de especulación teórica sobre un tema que además de estudiado (el retrato de estudio del siglo XIX), ha proporcionado importante evidencia sobre las funciones ideológicas de la fotografía que nos permiten comprender cómo es que este medio se fue convirtiendo en el favorito o exclusivo de la representación icónica, y que incluso nos podría permitir aquilatar mejor el valor que hoy día tiene.

Esta observación más que tomarse por una crítica a la ponencia del maestro Amézaga, representa un reclamo general cada que se abordan estos temas. Si quienes lo organizan, como lo es nuestro caso, son historiadores, poca importancia le conceden a la fotografía como medio, como objeto, como técnica, como representación, como símbolo, más allá de su valor documental, como si solamente se tratara de un testamento o un contrato. Si quienes organizan el encuentro son fotógrafos, entonces el valor histórico cede su lugar a cuestiones más etéreas que tienen que ver con su apreciación estética, su filiación a una determinada corriente o forma de hacer, o a las inclinaciones artísticas o comerciales de su autor. Y no es que deba prevalecer uno u otro enfoque, sino, simplemente, de que se haga realidad el binomio historia y fotografía, porque no se trata de una historia de la fotografía (si así fuera, así se anunciaría y sería completamente válido además de necesario), como tampoco de reducir la imagen a su calidad de documento, independientemente de cualquier otro valor que pudiera representar o contener como objeto.

De esta situación, que no es privativa de nosotros sino de muchos otros encuentros en muy diversas latitudes, viene la sorpresa de no encontrar entre el público una mayoría de fotógrafos (de hecho ni los responsables de la Fototeca de Nuevo León se aparecieron por ahí) y/o de historiadores. El público, al cual se le agradece de todo corazón su presencia y participación, se vería enriquecido si sus filas fueran engrosadas por estos profesionistas, que, seguro estoy, mucho aportarían, como también mucho podrían aprender.

En la medida en que este público asiduo a las actividades organizadas por el museo se mezclara con jóvenes estudiantes de historia, artes, comunicación, diseño, humanidades, etc., y en ellos se despertara el deseo por saber más, por ahondar y precisar la investigación llevada a cabo hasta el momento, en esa medida iríamos conociendo más de nosotros mismos.

Esta valiosísima tarea, con todos los asegunes que lleva implícitos, con el aprendizaje por ensayo y error que implica, la lleva a cabo este museo que, por lo que se ve, ha entendido cuál debe ser una de sus principales funciones, acercarse a los especialistas para mejor difundir su esencia, en este caso la historia de México y nuestro estado.

xavier.moyssenl@udem.edu 
www.veryrepresentar.blogspot.com