A 35 años de "La cámara lúcida"

En dos días más, el 12 de noviembre, se cumplirán 100 años del nacimiento del pensador francés Roland Barthes. Sesenta y cinco años después, como se recordará, murió trágicamente, en plena madurez intelectual y en la cúspide de su producción. Precisamente, de este momento, es la aparición de La cámara lúcida, lo que significa que también estamos celebrando los 35 años de la publicación de este libro que por largo tiempo ha sido la piedra clave para cualquier acercamiento a la fotografía (ya sea que se esté a favor o en contra de sus observaciones). Antes de proseguir conviene apuntar que éste no fue el único texto que Barthes dedicó a la fotografía, ya que desde las lejanas Mitologías (1957) le dedica más de una línea, especialmente al papel y lugar que guarda en la sociedad contemporánea. Le seguirán, entre otros, Crítica y verdad (1966), El sistema de la moda (1967), El imperio de los signos (1970), Lo obvio y lo obtuso (1982), amén de un buen número de artículos dedicados a distintos aspectos sobre la participación de la imagen fotográfica en la forma en que nos comunicábamos en aquellos tiempos.

También conviene recordar que la cámara lúcida (habitación iluminada) fue un aditamento desarrollado y patentado en el siglo XIX para cumplir exactamente con las mismas funciones que la cámara oscura, esto es, facilitar las labores de copiado a los interesados en el dibujo naturalista, con la gran ventaja de que este instrumento era (es) más ligero y fácil de transportar y no requería, entre otras cosas, de una iluminación en particular, ya que no se basa en la proyección de imágenes. Así pues, nuestra primera tarea al acercarnos a los apuntes de Barthes es dilucidar si se trata de una alegoría mediante la cual se pretende despejar la obscuridad que encierra el conocimiento de la fotografía (cuyo origen se encuentra en el uso de la cámara obscura), o más bien alude a un instrumento que nos permitirá tener un nuevo o diferentes acercamientos a la imagen fotográfica. Una precisión más ahora referente al subtítulo que lleva la obra, Nota sobre la fotografía. Aunque como ya se dijo, no era ésta la primera vez que abordaba el tema de la fotografía, sí es ésta, La cámara lúcida, la primera y única obra completa que le dedicó, pensando, probablemente, que quizás fuera tan solo una primera aproximación para más adelante lanzarse en búsqueda del valor universal del medio, sin el cual no podría existir como objeto cultural.

Por el detallado análisis que hace de cada uno de los elementos que participan de la fotografía entendida como un medio que da o crea sentido, desde el Operator o fotógrafo hasta el Significar o significado que puede adquirir una fotografía en función de su contexto y momento histórico, pasando por el famoso Punctum (el texto trata por lo menos 10 conceptos teóricos), tengo para mí, uno, que Barthes concibió su obra como un instrumento, una especie de brújula que permite transitar por la fotografía sin perder de vista el lugar al que se quiere llegar, por lo que, dos, su desarrollo es apenas una primera aproximación a un estudio más completo, al trazado general de un mapa sobre la fotografía.

Ahora bien, a 35 años de la publicación de La cámara lúcida, ¿qué hemos aprendido de la fotografía? De haber sobrevivido, creo que ni el propio Barthes tuviera respuesta alguna a este cuestionamiento, no sólo por la profunda transformación que ha sufrido el medio al grado de hacer dudar a muchos de si es correcto continuar llamado fotografías a las imágenes digitales que nos inundan, como por los cambios que se han dado al interior de cada uno de esos 10 puntos que analiza y presenta el semiólogo francés en su obra. Pensemos simplemente en el Spectator, como lo llama Barthes, u observador, consumidor, de fotografías; de su relativa fácil descripción e identificación hace 35 años, a este momento en el que todos, voluntaria o involuntariamente estamos relacionados con una gran cantidad de imágenes de origen fotográfico, hay una enorme brecha que obligaría a segmentar a los Spectators según su relación, diálogo o lectura que hicieran de las imágenes con las que cotidiana y extraordinariamente entran en contacto.

No obstante, la principal diferencia entre 1980 y el momento actual y de lo que serían consecuencia algunos de los cambios señalados, es el cambio de régimen económico y político que ha sufrido desde entonces el mundo y que podríamos sintetizar en la profundidad y/o alcance que hoy día tiene la globalización, haciendo de la fotografía de Barthes un antecedente prehistórico de la imagen digital contemporánea. ¿Qué hemos aprendido de 1980 a la fecha? Yo diría que apenas si algo.

xavier.moyssenl@udem.edu
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