50 años con el MAM

Para muchos el MAM fue, efectivamente, nuestro primer contacto con el arte moderno.

Como quizás muchos otros, tengo mi historia personal con el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (MAM) que, como se sabe, junto con el Nacional de Antropología, cumplieron, en septiembre pasado, 50 años (los dos, junto con el llamado El Caracol, también en Chapultepec, y el de Arte Moderno de Ciudad Juárez, Chihuahua, formaron parte del plan de infraestructura cultural del gobierno de López Mateos).

A la distancia, parece increíble que en ese tiempo no se haya llevado a cabo ningún otro proyecto museístico con ese mismo alcance y pretensión (salvo, posiblemente, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo —MUAC— inaugurado en el 2008); no se trata únicamente de que ya no existan o sean vigentes las visiones totalitarias y universales, sino de contar con instituciones que sigan sirviendo de referencia para indagar en el pasado e imaginar el futuro. En su lugar tenemos organizaciones (principalmente privadas) que no saben hablar más que en tiempo presente.

Para muchos de nosotros el MAM fue, efectivamente, nuestro primer contacto con el arte moderno ahí supimos de un tal Felguérez o un Soriano, vimos en vivo y a todo color un Picasso o un Rothko, paseamos, intrigados y absortos, por la exhibición de grandes colecciones del extranjero, o de muestras individuales a manera de homenajes nacionales; escuchamos conferencias de Raquel Tibol. Jorge Alberto Manrique, o Teresa del Conde que además fue su directora por más de 10 años. Puedo decir que para mi generación, entrar en contacto con el MAM, fue la confirmación de nuestra pertenencia a la modernidad.

Para quienes conocen por vez primera sus instalaciones, vale la pena comentar que, por desgracia, es un proyecto que nunca llegó a su fin, no sólo le hacen falta otras salas de exhibición, sino también bodegas y talleres, un adecuado auditorio y más eficientes recepciones o acceso a las salas, por no decir nada de la necesidad de su permanente mantenimiento y renovación constante de equipo museográfico. Por cierto, el caprichoso diseño arquitectónico que tienen sus plantas, más el hecho de que sea una construcción sin muros, es decir, únicamente acristalada en todos sus flancos, plantea serios problemas a la exhibición de cualquier tipo de obra, ya sea desde la necesidad de bloquear permanentemente el paso de la luz solar, hasta cuestiones de seguridad y la climatización. Así que el museo puede ser atractivo, un ejemplo de la arquitectura mexicana tardomoderna, pero un verdadero rompecabezas para la exhibición de arte y su museografía.

Como institución legitimadora, la Ruptura le debe al MAM, no su oficialización, pero sí quizás el reconocimiento individual de sus miembros, así como de su historia y primeras revisiones. Operó como plataforma para Los Grupos, y más adelante para el lanzamiento del llamado Neo-Mexicanismo, y ni qué decir de las generaciones de los 80’s con las que inicia, desde ahí, nuestra postmodernidad. Para todos ellos el MAM fue su respaldo, su entorno, su referencia, como también el centro de gravedad del que había que huir o contraponerle alternativas.

Hoy, 50 años después, y desde la sana distancia que da el no estar en la Ciudad de México, el MAM se ve un tanto deslavado, los mismos proyectos que se han presentado con motivo de su medio siglo de vida, aunque importantes sin duda, no han tenido la espectacularidad que se hubiera esperado o deseado, pero sobretodo no han sido lo trascendentes que creo debían haber sido. Es decir, creo que la importancia que ha tenido el MAM en la conformación del arte en México, tendría que ser conocida y compartida en todo el país; este año, toda ciudad en México debería haber contado con una representación, por mínima que fuera, del MAM y del museo de antropología. Son esta clase de logros los que hay que dar a conocer y de los cuales se ha de sentir orgulloso este país.

Restaurar la fuerza y vigor del MAM, volverlo organismo líder, epicentro de proyectos museísticos de alcance nacional e internacional, debería ser parte de su plan de trabajo para los próximos 50 años.

xmoyssen@udem.edu.mx

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