Mientras se escribe la historia...

Al inicio de mi educación una de las primeras cosas que te enseñaban era entender la diferencia entre Historia y la historia. Con mayúscula se refiere al hecho natural e irreversible, a la ley física e inevitable del paso del tiempo. En tanto que historia, así con hache minúscula, es la narración que los hombres van contando acerca de lo que llegan a conocer del devenir. La historia política de una nación, región o localidad será la narración que se haga de los acontecimientos, de los hechos, de los sucesos políticos que se lleguen a conocer, dígase lo mismo de la historia del arte, la económica, la militar, etc.

La diferencia es fundamental ya que nos indica que todo suceso, todo acto, toda acción que se lleve a cabo en cualquier momento forma parte, de la Historia misma. Estas líneas, el soporte en que las lee, el tráfico de esta mañana, su relación de pareja, la sequía, las declaraciones de este o aquel personaje, todo absolutamente pertenece a la Historia. Pero también nos permite entender que es imposible llegar a conocer el devenir en su conjunto. En el estado actual de conocimientos, métodos y tecnologías, no somos capaces, por su propia complejidad y dimensión, de conocer y recrear la Historia, ni siquiera la de ayer, menos la del pasado más remoto. En su lugar, y debido a la curiosidad que nos despierta el saber qué sucedió ayer, cómo era la gente de entonces, cómo se gobernaba, cuál era su gusto, escribimos la historia, esto es, una muy breve, estrecha e imperfecta narración de aquella minúscula parte de la Historia que llama nuestra atención, sobre la que deseamos saber algo.

Una de las diferencias entre la actualidad y la modernidad, radica en que hoy en día somos más conscientes de esta diferencia. Sabemos que quizás lo que hoy hagamos o dejemos de hacer será parte de la historia, por lo que nuestro comportamiento se ha alterado para ajustarse a esta manera de pensar. Sin embargo y a pesar de que así sucede, ni todos ni siempre vamos preocupados por saber si seremos o no algún día recuperados por la historia. Conforme nos alejamos del presente vamos viendo como esta preocupación, la de ser parte de la historia, no siempre estuvo presente y que, más bien, lo que hoy forma parte de la historia, en su momento fue simplemente producto de sus circunstancias.

La semana anterior expuse lo que hoy sabemos acerca de la intervención del Departamento de Estado de los Estados Unidos y otras instancias en la aplicación de políticas culturales en aquellos países en que debía resguardar sus intereses. Y cité al caso de México y la ruptura como ejemplo de la avanzada norteamericana, que vestida con la piel del lobo del arte abstracto, acabó con el prestigio del arte política y socialmente comprometido. ¿Quiere decir esto que Gómez Sicre, Cuevas, Felguérez, Gamboa, Paz, fueron agentes de los Estados Unidos; que estuvieron conscientes de que el apoyo al nuevo arte era parte de una estrategia de la Guerra Fría; qué entendían que el cosmopolitismo al que aspiraban eran más una ambición impuesta que una necesidad real?

Que todo lo anterior más lo que aun desconocemos forma parte de la Historia qué duda cabe; que ahora debemos reescribir la historia de este momento en el arte contemporáneo de nuestro país y todo lo que ello implica, tampoco puede estar a discusión, como tampoco el que vayan a aparecer otras historias que hasta ahora no conocíamos o no nos eran relevantes. Lo que si no se puede hacer es condenar a todos estos personajes, tacharlos, cuando menos, de falsos, cuanto más de vendidos o traidores. Nada de eso, la relación de Cuevas con Gómez Sicre, sus viajes a los Estados Unidos, la circulación por Latinoamérica de las grandes colecciones de arte moderno de los museos de los Estados Unidos, nos parecerán ahora más claras y entenderemos el por qué de su interés; también será más fácil ver por qué el gobierno de México a partir de los 40's se enemista y rompe con los pintores de la Escuela Mexicana, todo esto nos será narrado por una nueva y/o más completa historia. Esto, a menos que se pruebe lo contrario, comprende que quienes actuaron en ese momento no sabían que ahora así los vería la historia. Ni Tibol, Monsivais, García Ponce, Piazza o del Conde, supusieron o actuaron sabiendo que la historia los exhibiría como instrumentos de la política ideológica yanqui. La diferencia entre lo que fue y se dijo en su momento y lo que hoy sabemos de ese momento es la materia prima de la historia, un cuento que no cesa.

xavier.moyssenl@udem.edu
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