Transparente nebuloso I

En monterrey hemos gozado de su Bienal por lo menos desde 1997, desde su octava edición.

Estas líneas también hubieran podido llamarse “No hagas cosas buenas que parezcan malas”, y con ello referirnos por igual a la XVI Bienal de Fotografía, 2014, inaugurada el 27 de noviembre en la Fototeca en el Centro de las Artes. Trataré de explicarme aunque no estoy seguro de entender lo que han querido hacer.

Todo indica que los organizadores de la Bienal se plantearon la finalidad de superar los esquemas tradicionales bajo los cuales se llevan a cabo estos eventos y que, por desgracia, dan muestras, más que evidentes, de estar rebasados. Así pues, en un afán de renovación, el total del material recibido a concurso se dividió, mejor aún, se sometió al escrutinio de un jurado responsable por su premiación, pero también a la mirada de dos curadores independientes invitados a formar dos exposiciones, cada una de las cuales se expondrá en Morelia y Acapulco, Culiacán y Monterrey.

Hay que agregar que lo que se ve en cada salón no coincide exactamente con la selección final, tanto por lo ya dicho de que cada muestra es resultado del trabajo de un curador que ha actuado bajo su criterio, como porque en cada una de ellas participan otros trabajos que no quedaron seleccionados e incluso que no fueron contendientes y que están aquí como invitados a fin de complementar el discurso del curador. Creo que a tan compleja operación Itala Schmelz, directora del Centro de la Imagen, institución federal responsable por la organización del evento, le llama algo así como “diálogo curatorial” en substitución de la “selección de ganadores”.

Apoyo y aplaudo el deseo e interés por renovar esta clase de eventos, me parece una acción necesaria y hasta imprescindible de cara a los cambios que experimenta la actual generación y difusión de imágenes (fotográficas o no). Pero esto es una cosa y otra que el resultado que tenemos a la vista haya mejorado, o que justifique a plenitud los cambios introducidos. Me explico una vez más.

Hoy día todo empieza a ser de largo aliento, por lo que las bienales de fotografía deben andar entre los 20 y 30 años de edad si tomamos en cuenta que iniciaron, obvio, bajo otro esquema y otras condiciones de participación, a fines de los años 70 del siglo pasado. En ese entonces, dice la directora del Centro de la Imagen, apenas si participaban unos 30 fotógrafos. Con el correr del tiempo el evento se fue independizando, asociándose a instancias ad hoc, el Centro de la Imagen, por ejemplo, así como alcanzado una difusión cada vez a más amplia en todo el país. La muestra que ahora vemos en el Centro de las Artes del Parque Fundidora es el resultado del concurso de 629 aspirantes de todo México, de los cuales, en Monterrey, se presentan no más de 26 (imagino que la muestra paralela de Culiacán tendrá un número semejante) con trabajos individuales, dípticos, polípticos e instalaciones, y con todo y eso, la muestra se siente pequeña, inmóvil, limitada...

Si en los 70 era evidente la escasa participación en aquellas bienales pioneras, ¿qué podríamos decir hoy día? Para una convocatoria nacional 629 participantes, incluso, me parecen muy pocos, no se diga el número de expositores. ¿Selección más estricta; más exigente? Ojalá esa fuera una de las razones, aunque sigue siendo lamentable que no todos los que hacen fotografía en nuestro país, que son muchos y buena parte de ellos de calidad, se mantengan al margen de estos eventos. Así, que ¿qué fue lo que ganamos con todos los cambios introducidos al formato de la Bienal? Creo que poco o nada, algo,  si de su ejemplo otros pueden aprender, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar”.

En una entrevista en Monterrey a la directora del Centro de la Imagen con motivo de la inauguración de la Bienal, apuntó que: “La llegada de la Bienal de Fotografía obedece a una necesidad de exponer los lenguajes contemporáneos de esta disciplina en los estados, pues anteriormente sólo se hacía en la Ciudad de México”. Muchas gracias por compartir con nosotros, por permitirnos conocer los “lenguajes contemporáneos” de la fotografía, pero en Monterrey hemos gozado de su Bienal por lo menos desde 1997, desde su octava edición, lleva pues, la mitad de su vida, presentándose aquí.

xavier.moyssenl@udem.edu

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