Trabajo por comida

"La estricta recompensa" se exhibe desde el pasado 20 de febrero en la Casa de la Cultura.

Una de las fallas que presenta el inmueble que alberga la Casa de la Cultura de Nuevo León, la antigua Estación del Golfo, un edificio histórico, es, precisamente, que nunca se pudo adaptar a las necesidades y funciones que le demandaba su nueva condición, y si bien durante un buen tiempo funcionó más o menos adecuadamente, hoy día, por desgracia su propia estructura arquitectónica, esa que lo convierte en un singular ejemplo de la construcción finisecular de la ciudad, se vuelve en su contra y prácticamente hace que cuanta exhibición se monte en ella se vea limitada.

Por ello es que cuando se hace un esfuerzo por adaptar y modificar las salas de exhibición, así como por preparar el material de exhibición para que mejor se presente, se aprecie, se entienda, en los espacios asignados, se agradece independientemente de cuál sea el resultado. Tal es el caso de la exhibición de Eduardo Jiménez, La estricta recompensa, que ahí se exhibe desde el pasado 20 de febrero. Compuesta por 28 fotografías a color de formato grande (cuatro de ellas tamaño mural) y tres videos, ocupa las salas de la planta baja, más el espacio del segundo nivel, todo lo cual ha sido modificado, como ya se dijo, con la idea de reforzar el mensaje que Jiménez pretende transmitir, comunicar a sus espectadores.

El tema de la exposición, más que los comedores industriales, es el del ambiente, el clima, la atmósfera e incluso las estrategias que las grandes armadoras transnacionales ponen en marcha para obtener mejores rendimientos sin que eso signifique mejores condiciones ni de trabajo ni de vida para quienes laboran en estos lugares. Un ejemplo de los medios de los que se valen las maquiladoras y otras empresas para mejorar y/o incrementar su productividad son, precisamente, los comedores industriales. No es exagerado decir que en tales compañías y a través de prestaciones como éstas hacen que se trabaje por comida, una versión contemporánea de las casas de raya. Dado que éste es el tema central del trabajo de Jiménez, a lo largo de la exposición se presentan textos y diagramas que explican los modelos económicos en los que se basan este tipo de procesos o políticas laborales. Igualmente se exhibe una serie de mapas demográficos y económicos en donde se muestra la distribución de la fuerza laboral en el país, y cuánta de ella se encuentra en esta situación.

Las 28 fotografías que se exponen representan distintos comedores industriales en Nuevo León, Coahuila, Zacatecas, Chihuahua, etc. unos más grandes que otros, mejor equipados, mejor diseñados, y salvo una o dos fotografías, las restantes se encuentran vacías, frías, totalmente asépticas; ésta es la imagen que un día identificó la modernidad en nuestra ciudad a través de las fotografías de Eugenio Espino Barros, cuando las empresas locales empezaban a implementar estos recursos aunque con una distinta finalidad.

Las fotografías de Eduardo Jiménez son como las de Espino Barros, limpias, precisas, compuestas simétricamente, estrictas en su estructura que busca ser un reflejo de lo retratado, salvo el color en las fotografías actuales, todo lo demás permanece casi idéntico, o mejor dicho, semejante al modelo que Espino Barros fotografiara hace ya más de medio siglo. En un sentido estrictamente fotográfico, la exposición que estamos comentando no tiene desperdicio, no obstante, al enfrentarnos al mismo material, incluidos los tres videos que se presentan, entonces, como exposición, desgraciadamente, cambia la apreciación.

Entiendo bien que se hagan esfuerzos por hacer ver a los fotógrafos o a los que se valen de la fotografía para comunicarse, la necesidad de que cuenten o elaboren un proyecto que los respalde, que dé sentido y oriente a su producción, para evitar de esta manera al burro que toca la flauta. Pero me parece que en un caso como el de Jiménez, lo más importante no son, o mejor dicho, sus fotografías han perdido el papel central que debían tener ante el discurso que las acompaña y más aún cuando éste también asume la forma gráfica, esto es, que compite visualmente con las fotografías; 28 imágenes para todo el espacio que ocupa la exposición son, en verdad, muy pocas, y si se ha empleado tanto espacio es por la necesidad de mostrar toda la información estadística que forma parte de la muestra, no la acompaña, no la refuerza, es tan imagen como lo son las fotografías o los videos.

Ahora que se ha aprendido a trabajar con proyectos, habrá que encontrar el delicado equilibrio entre la imagen fotográfica, la información que en sí misma posee, y la que hay que acercarle a fin no sólo de hacerla comprensible sino complemento de otros temas.

xavier.moyssenl@udem.edu

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