El Super Bowl y un tema más

No cabe duda que si hay algún evento deportivo que año con año logre ser verdaderamente global, éste lo es el llamado Super Bowl o juego final por el campeonato nacional del futbol americano en los Estados Unidos de Norteamérica (es probable que la Final de una Copa del Mundo rivalice en audiencia, pero, ya lo sabemos, esto ocurre una vez cada cuatro años).

No hay quien no sepa que el domingo pasado se celebró el 50vo. de estos eventos con el más o menos sorprendente triunfo de los Broncos de Denver sobre las Panteras de Carolina. Ya los expertos tendrán mucho qué decir al respecto y tiempo para analizar, jugada a jugada, lo que ahí pasó y llevó a coronarse al equipo de Denver.

Por mi parte, como seguidor de este deporte-espectáculo, quisiera hacer, enseguida, un par de apuntes.

Una sociedad materialista como la nuestra, basada cada vez más en el consumismo y la filosofía del úsese y tírese, fue incapaz de pensar y luego valorar, la experiencia acumulada de Peyton Manning, un mariscal de campo, para los estándares de la Liga, viejo y lastimado, limitado en su movilidad y sin brazo para lanzar el balón más allá de 30 yardas, con intensos dolores por todo el cuerpo, y para acabarla de arruinar, peleado con el gerente general del club (John Elway) y su entrenador en jefe (Gary Kubiak), y sin embargo, sin hacer nada extraordinario, ganó y convenció. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

En cambio, los medios que todo controlan y dictan hasta los momios de las apuestas, daban, casi por un hecho, que Cam Newton, el joven y atlético mariscal de las Panteras, encabezaría, como un moderno Darío, sus huestes para arrasar a sus contrincantes. La triste realidad demostró que el peso de su novatez y lo lábil de su personalidad, su incapacidad emocional para remontar lo adverso, y sobre todo para enfrentar con dignidad la derrota, fueron sus verdaderas características.

Espero ver y escuchar a todos los comentaristas que horas antes de iniciar el partido alababan hasta el hartazgo las virtudes de Newton en tanto denostaban al anciano Manning dedicándole, a él y su equipo, apenas tiempo, pues les urgía seguir demostrando cuanto aprecio tenían por el jovenazo Cameron, quien pecó de soberbia, creyéndose el nuevo Helios de la NFL. Pero recordemos que no tiene la culpa el indio sino los medios que lo hacen compadre.

Horas antes de que iniciara el Super Bowl de Oro, como fue bautizado, decidí ir a visitar la exposición homenaje a Raúl Óscar Martínez inaugurada el pasado jueves 4 en el museo El Centenario, en San Pedro Garza García.

Cuál no sería mi sorpresa al atravesar la plaza en que se ubica el inmueble, y encontrarlo cerrado. Sí, cerrado a las 12 del mediodía. Sin éxito busqué algún aviso del tipo "enseguida vuelvo" o "toque con el vecino para abrirle", pero nada; quizás había obligado a cerrar en domingo una reunión extraordinaria del sindicato, pero tampoco había justificación o explicación para el público.

Armado de valor toqué en los cristales de la entrada para ver si alguien aparecía por ahí y, efectivamente, minutos más tarde apareció una amable señorita que, sin más trámite, me lanzó un "está cerrado, abrimos de lunes a viernes de 10:00 a 18:00", creo que me dijo. Incrédulo le pregunté si ése era un museo, lo que cual me confirmó; volví a preguntar si sabía que en todo el mundo, la mayoría de los museos sólo cierran los lunes.

Ya con cara de fastidio me volvió a informar que estaba cerrado y que si tenía alguna queja podía dirigirla a través de la página del Gobierno municipal, dio media vuelta y volvió a cerrar a piedra y lodo.

Me queda claro que la chica con la que sostuve este bizarro diálogo nada tiene que ver con la decisión de cerrar el recinto los días que le vengan en gana a sus jefes, y que estos, por ser las autoridades responsables por estos espacios, pueden hacer con ellos lo que mejor les plazca. Pero si estamos hablando del único municipio de la zona metropolitana que tiene un secretario de Cultura, una infraestructura suficiente como para ofrecer una oferta de múltiples manifestaciones artísticas, y una serie envidiable de posibles patrocinadores, ¿cómo creer que cierran sus espacios precisamente cuando la gente cuenta con el tiempo suficiente como para invertirlo en estas actividades? ¿O a poco nos quieren decir que sus públicos no son los trabajadores que por ley tienen el fin de semana libre? Lo malo es que así —malo para mí, por supuesto—, con estos horarios, me dejan sin ver las buenas exposiciones que los caracterizan, tal y como debe ser, supongo, la de Raúl Óscar Martínez.

xavier.moyssenl@udem.edu 
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