Miscelánea de Semana Mayor (II de II)

Con el Domingo de Resurrección concluye la Semana Mayor o Santa para los fieles de la Iglesia católica; escolares y burócratas seguirán gozando del asueto que les durará una semana más. Idealmente, las actividades y espectáculos programados para este receso, que en verdad se ha convertido más en civil que religioso, deberían continuar hasta el final, esto es, hasta el próximo domingo 3 de abril que, coincidentemente, es el primer día de este año con horario de verano. No obstante, bien sabemos que en los días entre semana habrá un marcado descenso en el ritmo y número de actividades para volver a incrementarse el sábado y domingo próximos, nada fuera de lo común durante esta temporada.

La semana pasada cerré mi colaboración hablando de estos eventos englobados en el programa Santa Lucía ¡Vive!, que arrancó, precisamente, con la Semana Santa, pero que va mucho más allá de ella, pues su intención es hacer que en esta zona del casco histórico de la ciudad —el canal Santa Lucía— se presenten constantemente actividades culturales y deportivas. La preocupación que traté de expresar hace ocho días no se refería, ni se refiere, al éxito del programas, que de hecho lo tuvo y mucho, sino a esta tendencia de realizar eventos por realizarlos, es decir, a la naturaleza e incluso calidad, de lo que se presenta. No soy yo quién para cuestionar estos aspectos punto por punto, actividad por actividad programada en esta primera etapa, para ello, supongo, tendrán sus propios asesores, consejos y mecanismos de evaluación que les permitan llegar a conclusiones en este sentido. Lo que sí creo discutible es la política que se siga para llevar a cabo la programación y administración de estos proyectos. No por tener muchos espectáculos, no por tener cientos de espectadores, se está cumpliendo con una política cultural coherente o de calidad. Quizás mejor suceda al contrario, concentrarte en tres o cuatro actividades de gran calidad y alto impacto. Se trata, como se ve, de tener que decidir entre muchos, de dudosa calidad y gran público, o pocos eventos de gran calidad con un público medio, que puede estar distribuido en varios foros en lugar de dos o tres de ellos. El que el fiel de la balanza se mueva a derecha o izquierda dependerá, creo yo, de la discusión que al respecto se tenga.

En esta misma línea me gustaría plantear lo siguiente: mucho he dicho y se ha dicho de cómo un suceso religioso, la Pasión de Jesús, se convirtió en posibilidad vacacional, empleada, incluso, por las instancias oficiales para ofrecer su receso primaveral o casi único en el año. Del mismo modo, independientemente de si las fechas religiosas se fijaron estos días para coincidir con festividades paganas ya existentes, creo que, en lugar de ignorarse mutuamente como si no estuviera pasando nada en el jardín de la casa de enfrente, debería haber una organización conjunta que sirviera y beneficiara, lo mismo a lo civil que a lo religioso, tipo el Vía Crucis de Ixtapalapa en la Ciudad de México, o el de la colonia Independencia aquí en Monterrey. Quiero decir, identificar tres o cuatro eventos religiosos que puedan ser promovidos no como asuntos de fe, sino de cultura y/o tradición popular que son más que convenientes preservar, apoyar y difundir. Todo ello sin demeritar o tener que cancelar otra clase de actividades, ya que de lo que se trata es, por una parte, de no hacerte competencia ti mismo, y, por otra, de tener una mejor selección de eventos para armar tu programación en esta temporada del año.

Una última observación. Hasta donde tengo entendido, no hay nada que obligue a los canales de televisión (pública o privada) a cambiar su programación normal por una adecuada o ad hoc a los días santos. Echar un vistazo a la televisión durante esta semana es prueba irrefutable de la poca imaginación e interés que tienen las diversas empresas televisivas por hacer un uso racional del medio que han puesto en sus manos. O se repiten las mismas películas de hace veinte o treinta años o se proyectan los programas más retorcidos que uno pueda imaginar tratando de ser novedosos o los primeros en develar verdades ocultas a través de los siglos por la Iglesia y su jerarquía, cayendo la mayoría de las veces en lo ridículo y absurdo.

Son ocasiones como ésta en que se hace evidente porqué la televisión, en cualquiera de sus formatos, va perdiendo terreno frente a otros servicios que, de entada, simplemente creen en un público inteligente.

xavier.moyssenl@udem.edu 
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