¿Voto por voto?

Dentro de 10 días dará inicio el proceso de elección de vocales del Conarte. Como se sabe, el organismo cuenta, entre otros, con un consejo ciudadano, en el que están representados los gremios que forman la comunidad artística de Nuevo León, los de danza, literatura, teatro, cine, fotografía, artes plásticas, etcétera. Lo que sigue es mi opinión respecto a los dos elementos que están aquí en juego, los llamados gremios y su condición de representantes ciudadanos ante el Conarte. Aclaro que estos argumentos han de entenderse dentro de un marco mayor que es la discusión general del Consejo en su totalidad, la cual sigue postergándose aun y cuando hace unos meses apenas se hablaba de la creación de una Secretaría del ramo.

Tres puntos me parecen suficientes para rechazar este sistema de vocalías o representantes de los gremios ante el Consejo. Uno: crea una representación falsa o ilegítima. Dos: confunde la buena voluntad de los consejeros con las necesidades del gremio. Tres: planes de trabajo y propósitos se repiten cíclicamente vocal tras vocal; las metas o resultados que se han alcanzado se deben más a que el Consejo ha hecho su tarea antes que a logros gremiales.

Por otra parte, no entiendo por qué los escritores, los bailarines, los músicos, los fotógrafos, han de formar parte de un gremio en particular. Un gremio nace a partir de la asociación de un cierto número de personas que practican el mismo oficio y deciden reunirse, generalmente, para la protección de sus intereses, aunque también con fines culturales, religiosos, etcétera. A medida que el trabajo asalariado crece y se apodera de la manufactura, los gremios devienen en sindicatos, cuyos objetivos principales serán alcanzar o ganar posiciones políticas dentro de los esquemas asalariados que le permitan obtener mayores beneficios y prebendas para sus agremiados, a la vez que defienden sus fuentes de trabajo contra quienes no pertenecen al sindicato. De acuerdo al panorama actual, lo mismo hay productores que siguen viviendo de la manufactura que los que lo hacen de acuerdo a un sistema salarial. ¿Se pueden conciliar los intereses de los productores independientes con los de los asalariados; en dónde coinciden o en dónde difieren? ¿Nos hemos percatado de esta situación, se ha discutido? ¿Se necesita pertenecer a un gremio, sindicato, grupo o como quiera que se llame, para obtener los beneficios que el Conarte otorga a la comunidad artística en general?

¿Los pintores, los ilustradores, los cuentistas y poetas, las actrices, el dramaturgo o el fotógrafo en turno, como practicantes de un oficio y/o como víctimas de sistemas salariales, deberían o no pertenecer a un sindicato que realmente velará por sus intereses? (Recuérdese las discusiones que se han dado, a nivel nacional, en torno al pago de impuestos por los derechos de autor). Durante los años de vida del Conaculta y ahora de la Secretaría de Cultura, ¿hubo necesidad de agremiarse para proteger los derechos y logros ganados por los artistas del país?

Hace 25 años, cuando se creó el Conarte, a fin de legitimar la acción gubernamental, se hizo imprescindible la incorporación de la ciudadanía en una mayor cantidad de acciones o trabajos emprendidos por el estado, así fueron naciendo estos consejos y mientras estuvieron permeados por el espíritu inicial que les dio vida, funcionaron y muy bien, incluidos los del Conarte. Hoy, a la vuelta del día, con un cuarto de siglo de experiencia y habiendo cambiado tanto las condiciones culturales (por sólo hablar de estas) locales, nacionales e internacionales, así como los conocemos, habría que cuestionar tanto a los consejos ciudadanos como a los propios gremios. Repetir una vez más el mismo esquema garantiza que se seguirán haciendo las cosas de la misma manera, ¿entonces para qué elecciones?

xavier.moyssenl@udem.edu 
www.veryrepresentar.blogspot.com