Mimesis

Uno de los eventos que evidencian el fin del siglo XX es la apertura de China continental.

Mimesis es un concepto a la vez vago y complejo, con una rica historia que se remonta a la antigüedad, unido, por otra parte, a una cierta concepción de las obras de arte. Para no entrar a mayores discusiones, digamos que se trata de la habilidad o capacidad de imitar algunas propiedades del medio a fin de pasar desapercibido o de ser confundido con él. Una de las palabras que empleamos para no decir mimesis, es la de camuflaje, a través de ella se entiende más fácilmente este concepto aunque no lo cubra por completo.

No me cabe duda de que uno de los eventos que evidencian el fin del siglo XX, incluso de la Modernidad, es la apertura de China continental a partir de los años 70 del siglo pasado. Hoy día nadie pone en duda su importancia comercial, industrial y económica a nivel mundial, a la vez que no deja de sorprender con sus logros deportivos, la antigüedad y riqueza de su historia y cultura, así como con su decisiva irrupción en el mundo del arte contemporáneo (este rápido plumazo sobre China de ninguna manera desconoce los muchos y serios problemas que el país tiene en materia de libertades individuales, derechos humanos, repartición de la riqueza, relaciones internacionales, sustentabilidad, medio ambiente, etc.).

Una buena parte de las expectativas que despertó la apertura de China fue el ver de qué manera se ajustaba o interactuaba con la cultura occidental (tomando en cuenta lo que significó, entre otros eventos, la Revolución Cultural, y prácticamente una década después, en 1989, la matanza de Tianamén), qué posición asumiría respecto a ella. La gran sorpresa, o al menos una de ellas, fue no sólo que el país había desarrollado su propia versión de arte contemporáneo, sino que la misma le servía de plataforma para su rápida incorporación al mundo de la producción occidental, e incluso, rebasarlo con relativa facilidad.

No es éste el lugar ni el espacio ni mucho menos la persona indicada para explicar este fenómeno, mas lo cierto es que la escena mundial no está completa hoy día sin la participación de los productores chinos. Uno de ellos, por cierto muy publicitado en el ámbito internacional, es Liu Bolin (Shandong, 1973), quien a partir del pasado 16 de junio presenta cerca de una veintena de trabajos pertenecientes al proyecto denominado Camaleón, título, también, de la exposición montada en las galerías 1 y 2 del Centro Roberto Garza Sada de la Universidad de Monterrey (CRGS de la UDEM).

Si habría que destacar estos trabajos, lo haría por ser un excelente ejemplo del tipo de obra que hoy llamamos mixed o multimedia, ya que es producto de la interacción de la pintura con la instalación, la fotografía e incluso la escultura, además de ser un trabajo que únicamente puede producirse en grupo, mediante un equipo de producción y comunicación perfectamente coordinado. Sin ser una propuesta novedosa (de hecho se puede decir que la obra-efecto, está tomada del teatro o del mundo de los espectáculos circenses, de donde se ha saltado innumerables veces al cine o, incluso, al arte mismo), la posibilidad de que Bolin se mimetice con una amplia variedad de situaciones y objetos, no deja de resultar atractiva para el gran público; ver, por ejemplo, la fotografía de una desvencijada barda de metal y de pronto caer en cuenta que en ella o ante ella o parte de ella misma, es el productor, siempre resulta asombroso.

Para que la idea de confundirse con el medio, de identificarse con él y/o de imitar sus cualidades para no ser visto, funcione lo mejor posible, hay que contar con un equipo que analice a detalle las propiedades del medio, color, textura, luz, distribución, volumen, etc.; que se comunique con otro equipo, el de producción, es decir, el que será responsable de llevar esas características a la cara, cuerpo y vestido de Bolin —quien es el que se pierde en el ambiente—, de producirlas, pintarlas, añadirlas, sujetarlas, a fin de que alcanzar el efecto deseado. Una vez logrado lo anterior, entra en juego otro equipo, el responsable de fotografiarlo, el de crear la obra final que se presentará al público. En resumen, la obra que observamos pasa por tres etapas, la de producción-instalación, la del performance, y la de exhibición.

Y, finalmente, a todo lo anterior habría que sumarle la calidad de los objetos que se presentan, es decir la impresión y montaje de las fotografías que se muestran. Todo reunido logra conformar una muy buena exposición, lástima que no dure más tiempo (hasta el 15 de agosto) como para que todos los alumnos del CRGS tuvieran oportunidad de ver y aprender algo más sobre el arte contemporáneo.

xavier.moyssenl@udem.edu

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