Libertad

Existe una cierta idea general que se ha extendido sobre lo que es o debe ser el arte.

Quizá no exista ningún otro pensamiento tan valorado y complejo como el de la libertad. Su aplicación y uso tiene múltiples implicaciones individuales o grupales, morales, jurídicas, políticas y filosóficas. Es un derecho, pero también una responsabilidad. En su nombre, bien lo sabemos, se han cometido toda clase de atrocidades, como también de actos que engrandecen al hombre como especie.

Asociada a él está la idea del libre albedrío, también con extensiones de tipo religioso, ético, psicológico, legal y hasta científico. De manera simple y apretada el libre albedrío es la creencia según la cual los humanos somos capaces de elegir y tomar nuestras propias decisiones. Como se sabe, sobre su existencia se encuentra abierto un debate permanente entre quienes la defienden como parte esencial e inalienable del hombre, y quienes creen que, en realidad, no tienen nada de libres las decisiones que tomamos, sino que se encuentran condicionadas, dependen, de una gran cantidad de factores sobre los que el individuo no tiene control alguno.

Hace una semana afirmé que el arte era nuestra última fantasía respecto al libre albedrío, ahora trataré de explicar por qué.

Aunque no lo admitamos así, cada vez estamos más conscientes de que nuestra vida cotidiana y todo lo que sucede en ella, depende no de nuestras decisiones sino por lo que otros ya han optado por nosotros; el ejemplo más sencillo que se me ocurre en este momento es el de la moda, y más grave aún, el de los medios de comunicación que deciden qué temas son los que importa tratar y discutir. En estos casos, a pesar de que en apariencia uno es el que toma la decisión, no se cae en cuenta de que el número de posibles elecciones está definido de antemano y que cualquiera que sea la decisión, conducirá a lo ya definido. Reparar en esta situación contribuye, junto con otras tantas variables, a crear el clima de desencanto que caracteriza a nuestra sociedad actual.

Mientras que los terrenos económico, laboral, político y hasta social, dependen de fuerzas cada vez más alejadas de nosotros, el del arte da la impresión de escapar de esta situación y permitir, y hasta cultivar, la entera libertad creativa del individuo. Antes de continuar, viene al caso que hagamos tres anotaciones. La primera de ellas indica que habrá que distinguir entre la producción de aficionados y la de los profesionales. Segunda, que existe una cierta idea general que se ha extendido sobre lo que es o debe ser el arte. Y, tercera, que los objetos al ser considerados más como mercancía que como puro “arte”, dependen principalmente de su cotización, no de su apreciación.

Si reunimos estos tres apuntes, nos será más claro ver por qué conviene creer en la práctica de las artes como el campo ilimitado de la libertad individual, ya que de esta manera es más sencillo distinguir, separar, discriminar la práctica profesional de la amateur; sostener una idea general de arte, que incluso se alimente o fortalezca de sus “enemigos”; y mantener dinámico, a la par de cualquier otro, al mercado del arte. De ser esto verdad, entonces el campo del arte estaría tan sobre-determinado como cualquier otro; de manera simplificada diríamos que la supuesta libertad de creación únicamente aparecería dentro de las prácticas profesionales, y de entre éstas en las que se acercaran más a la idea general de arte, que a su vez serían las que mayor cotización alcanzan en el mercado.

No caigamos en la ilusión de que mi capacidad de elección está a salvo si en lugar de pintar un cielo azul lo hago de café o si en un retrato decido poner tres ojos en lugar de dos. Elegir uno u otro color nada tiene que ver con lo que se ha planteado aquí, sí en cambio con la decisión de pintar un paisaje con cielo café o un retrato con tres ojos, esa decisión es la que está condicionada, acotada por los tres apuntes que hemos hecho, y así lo ha estado desde que nos bajamos del árbol.

No veamos estas líneas como un atentado contra la sagrada libertad que tanto nos ha costado ganar. Hay que entenderlas como otra manera de problematizar el mismo tema, como un medio para hacernos de otras herramientas que nos permitan comprender mejor la naturaleza de eso que llamamos Arte.

xmoyssen@udem.edu.mx

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