Lecciones de abstracción (I)

Que yo sepa, si no es ésta la primera, sí es una de las primeras veces que un museo dedica varias de sus salas a un mismo tema, mejor dicho, a dos exposiciones distintas con un mismo tema. Imagínense dos muestras de la Ruptura, una curada en la Ciudad México y otra en Zacatecas. Pues algo así sucede desde el pasado viernes 26 en la planta baja del Marco con la apertura al público de la muestra Abstracciones (viene de haberse expuesto en el MAM de la Ciudad de México), competencia de Artistas Abstractos de la Colección de Pedro Coronel apenas inaugurada en el mismo museo un par de semanas atrás. Nada de particular tendría el hecho si en última instancia el espectador saliera beneficiado, pero no hay nada en esta exposición, en la de la colección Coronel, ni en algún otro lugar del museo en donde se explique esta dualidad, sus semejanzas que se puede aprender al visitarlas y obtener una visión complementaria o cualquier otro resultado, toda vez, incluso, que en ambos acervos se repiten algunos nombres y conceptos.

Pero me estoy adelantando. Así como hace quince días me disculpé de antemano por si alguien pudiera sentirse ofendido por mi comentario sobre la colección del zacatecano, hago lo mismo hoy al glosar esta nueva exhibición. Mi comentario no tiene otra intención que el colaborar con el espectador al poner a su disposición otra información, otro punto de vista —el mío, por supuesto— que quizás le sirva o le ayude a mejor entender y apreciar lo que se le presenta u ofrece en materia de exposiciones dedicadas a las artes visuales.

Dos aclaraciones más. Soy el primero en agradecer y reconocer la generosidad de la señorita Claudia Peralta de Doménech el préstamo que hace de una parte de la colección de su familia. Y dos, el título que encabeza estas líneas no implica, de ninguna manera, el que vaya a dar lecciones de qué es o cuál ha sido la historia de la abstracción, para eso cada muestra tiene su propio curador que es el responsable de lo que se aprenda o deje de aprender gracias al armado que han hecho de sus correspondientes exposiciones (Marisol Argüelles y Sylvia Navarrete, respectivamente). Al lado de eso no tengo nada que enseñar; el título se refiere más bien a lo que podemos aprender de las exposiciones en sí mismas, para ser más exactos, de la lectura que hagamos de ellas como si se tratara de un libro.

En los Estados Unidos, principalmente, la mayoría de los museos que nos asombran por su contenido son privados y nacieron, precisamente, de las donaciones que particulares han hecho, bien de sus fortunas o de las colecciones que a lo largo de sus vidas formaron, práctica que incluso se alienta desde el gobierno al otorgar importantes exenciones de impuestos a los donantes. En nuestro país, por muchas razones, ésta no es una práctica usual aunque las que se han dado devienen en resultados de primera, por ejemplo el Museo Carrillo Gil es el resultado de la donación de la colección del Dr. Albar y Carmen T. de Carrillo Gil, el Tamayo de la del pintor Rufino Tamayo, el Franz Mayer de la del ingeniero del mismo nombre, el Museo Felguérez con la de Manuel Felguérez; es más, la mismísima colección FEMSA, que ya de por sí es privada, nació de la cesión de una pieza de una colección privada, y así otros tantos ejemplos. No obstante, como se dice más arriba, ésta no es la práctica usual, razón por la que se agradece a los dueños de estas colecciones las cedan temporalmente a los museos para que puedan ser conocidas, ya que de otra manera permanecerían ocultas y desconocidas a los ojos de las mayorías.

Dicho lo anterior y dicho con toda sinceridad, hay que decir también que estamos ante una colección de lo más disparejo, pues así como tiene piezas de primerísima línea, por ejemplo el Motherwell, tiene otras que son de segunda, o mejor dicho, aunque son de autores reconocidos, Pierre Soulages, Fernando García Ponce, P. Guston o Vicente Rojo, no son sus obras más representativas, decisivas, o influyentes, sino piezas menores, más para decorar la sala de estar que la de un museo.

Si de la colección de Coronel no había manera de extraer una historia de la abstracción, con ésta se corre el riesgo de acabar más confundido y hasta irritado, quizás, por esta clase de pintura.

No puedo dejar de apuntar que resulta del todo sospechoso que se abra al público esta selección de una colección que con toda seguridad es mucho mayor, exactamente en el momento en que una de las empresas de la familia Peralta, IUSA, se alían en la telefonía móvil con la multinacional ATT. Como incluso nuestro país lo ha probado, ¿qué mejor embajador para los negocios que la obra de arte?

xavier.moyssenl@udem.edu 
www.veryrepresentar.blogspot.com