Lecciones de abstracción (III y último)

A la memoria de Doña Lydia Sada de González. QEPD

Trátese del área que se trate (economía, política, religión, medicina o arte), escribir su historia, o mejor dicho, una versión —cualquiera— de su evolución a través del tiempo siempre resulta complicado ya que de entrada hay que enfrentarse al delicado tema de cómo y a partir de cuándo establecer —ésta— su cronología. Debido a ello es que dependiendo de los autores, del momento en que se escribe y del estado del conocimiento sobre tal o cual tema, tendremos una amplia variedad en inicios y culminación de periodos, tendencias, movimientos, ciclos, etc.

Éste es tan sólo uno, y quizás no el más grave, de los problemas a los que tendría que hacer frente cualquier intento por historiar la abstracción como tendencia, característica o rasgo fundante de las artes visuales, es decir, del concepto arte abstracto. No es igual hablar de esta historia que de la historia del arte abstracto en México, en la India o Bélgica, donde el límite geográfico guía al temporal. La razón de porqué se prefiere hablar de la historia de la abstracción —como sujeto universal— en lugar de la historia de la abstracción en Colombia o las Filipinas es que, de hacerlo, se destruiría la apariencia de unidad o semejanza, de similaridad, de compartir las mismas raíces o DNA, lugar que, al perderse, se vería colmado por una miríada de motivos, razones, gustos, impulsos, influencias, costumbres y prácticas, por los que la abstracción no tendría un origen único, global, sino un motón de rutas que desembocan, por igual número de decisiones, en algo siempre parecido a la abstracción del vecino.

Aun aceptando (aunque como dicen los abogados, sin conceder) que hubiera un núcleo más o menos consistente del cual hubieran partido todas las historias de la pintura abstracta, su adaptación a tiempos y circunstancias tan diversas como pudieran ser las del Japón de la posguerra, el Brasil de la misma época o la Francia de Gaulle, haría desaparecer cualquier ficción de unidad u homologación estilística.

Quizás lo que debiéramos llevar a cabo es la continuación de la historia de cómo fue que se intentó imponer políticamente un mismo estilo a la producción artística de todo el planeta. Me refiero a continuar, local y/o regionalmente, la investigación de la Dra. Shifra Goldman, Contemporary Mexican Painting in a Time of Change (1981) y su marco de referencia a nivel de política global propuesto por Serge Guilbaut, en su trabajo De cómo Nueva York robó la idea de Arte Moderno (1983). La presencia de ambos trabajos publicados con pocos años de diferencia, aun y cuando se refieren a investigaciones doctorales realizadas 25 o 30 años antes, demuestra la oposición a la difusión de versiones alternas a la historia universal, pero también son un excelente ejemplo de cómo funcionan estos mecanismos a nivel global y particular. Es decir, la comparación de ambos estudios nos dejaría ver las tajantes diferencias entre una idea globalizadora y sus manifestaciones locales reales, tantas como en países o regiones se llevara a cabo el mismo tipo de investigación.

Las preguntas sobre por qué hay una pintura, mal llamada, abstracta, o cómo es que se llegó a ella, quizás estén mal planteadas o ni siquiera sean preguntas para la historia y la teoría del arte, tan equívocas son que equivale a preguntar por su supuesto antagonista, ¿por qué hay pintura naturalista?, ¿por qué se llegó a ella? Quizás, más bien, debiéramos preguntar a quién o quiénes conviene pensar en una única pintura abstracta, en una sola evolución que va de lo naturalista a lo abstracto, si son tendencias opuestas, etc.

Un último apunte. En ambas exposiciones que presenta el Marco y que han dado pie a estos tres artículos, parece que se sugiere que la abstracción se ve de nuevo remplazada por la figuración. Que hay un retorno a lo figurativo. Cierto, hay un buen número de ejemplos de esta vuelta del hijo pródigo a casa, no obstante, lo que no se dice o no aparece igual de claro es que se sigue pintando abstracto y hasta es posible que mejor que nunca gracias a la reflexión histórica y teórica que ahora lleva tras de sí. Me pregunto nuevamente ¿qué tipo de historia es esta que me lleva a pensar en su evolución como un constante enfrentamiento antagónico? Y por favor, que nadie vaya a decir que se trata de un movimiento dialéctico... ya no estamos para eso.

xavier.moyssenl@udem.edu 
www.veryrepresentar.blogspot.com