Kati Horna

Jamás se consideró más que una obrera de la imagen, quizás consciente de sus limitaciones.

El pasado 30 de enero se abrió al público la muestra Kati Horna en el Marco. Organizada por el Museo Amparo y el Jeu de Paume, la exposición presenta 150 piezas con las que se da a conocer la trayectoria de la fotógrafa.

Kati Horna (Hungría 1912-México, 2000), cuyo verdadero nombre fue Kati Deutsch, perteneció a una extraordinaria generación de jóvenes centro europeos que crecen en el periodo entre guerras, uno de los más creativos y prolíficos culturalmente hablando, por contradictorio que parezca, pues viven permanentemente bajo la amenaza de los nacionalismos y el fascismo. Como muchos otros, al ver canceladas sus opciones y estar en juego sus vidas, buscarán refugio al otro lado del Atlántico, en donde México les abre generosamente sus puertas para reiniciar sus vidas. Así es como llega Kati a nuestro país en 1939, ahora Horna, pues un año antes se ha casado con el español José Horna.

En su natal Hungría, la entonces joven se formará como fotógrafa y a través de los ejemplos que se muestran de ese periodo es fácil adivinar la influencia que la Nueva Visión tuvo sobre su obra. Es imposible saber cómo se hubieran desarrollado ella y muchos otros de no haberse desviado su tarea por razones políticas, teniendo que buscar en el fotorreportaje su forma de vida y de expresión.

Ahora bien, de esas primeras fotografías a las que en nuestro país generó, hay una gran diferencia que no puedo atribuir a otra causa que el sufrimiento y pesadumbre que debieron causar en su ánimo las penurias de la guerra y la persecución fascista. Y lo digo con todo respeto, creo que si no se conocía más de Kati Horna se debe a su entrega a otras actividades, la docencia, por ejemplo, el auxilio en el quehacer de su esposo, que a un desconocimiento o falta de aprecio de sus fotografías. Ella misma jamás se consideró más que una obrera de la imagen, quizás consciente de sus limitaciones. Nada de esto cancela la simpatía y solidaridad que despierta como persona y las imágenes que tomó de tantas otras víctimas involuntarias de las guerras. Como tampoco el conocimiento de una época y sus personajes a través de su quehacer. A pesar de ello y aunque no es una Lola Álvarez Bravo, sin duda es parte de la historia de la fotografía en México.

xavier.moyssenl@udem.edu

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