Descafeinado

Queda fuera de toda duda la calidad y talento de los productores culturales cubanos, sea del área de las artes visuales, la música, la arquitectura o, como bien sabemos, la danza, en todas ellas sobresalen. Son de llamar la atención la capacidad técnica que han desarrollado y la creatividad e imaginación que despliegan en todas y cada una de las piezas que producen.

Hay quienes atribuyen estas habilidades y/o destrezas a la necesidad de sobreponerse a las limitantes con que se han acostumbrado a vivir ya como resultado del embargo comercial norteamericano, ya por las restricciones de acceso a la información impuestas por el gobierno de la isla. Otros más las ven como resultado tanto de su historia y los saberes y capacidades acumulados a lo largo del tiempo, como a la extraordinaria mezcla de sangres que dan paso a costumbres, creencias, tradiciones que son parte indivisible de la variopinta población actual.

Desconozco si así fue planeado, pero contamos en este momento con dos muy buenas muestras de arte cubano en la ciudad. La exhibición individual de Segundo Planes en el Centro Cultural Plaza Fátima que próximamente comentaré, y la de Los Carpinteros, inaugurada el pasado viernes 21 en el Marco.

Los Carpinteros nace como colectivo en 1992; originalmente estuvo formado por tres productores avecindados en La Habana: Alexandre Arrechea, (1970), que dejó al grupo en el 2003;

Dagoberto Rodríguez (1969) y Marco Castillo, (1971). La fecha de inicio es importante pues, como se recordará, ese año es el inicio del periodo llamado de Excepción, que corresponde al retiro del apoyo, económico, cultural, educativo, social, etc., que la Unión Soviética y sus aliados brindaban a Cuba, el momento de mayor apuro y penuria económica podríamos decir, pero, paradójicamente, también corresponde al principio de la explotación intensiva del turismo, para lo cual contaron, principalmente, con el apoyo, conocimiento y prestigio del sector hotelero español, lo que permitió la llegada de un turismo más variado y de intereses diversos. Si anteriormente y por tradición México y América Latina habían sido las ventanas al mundo para Cuba, ahora se les sumaba España abriéndolos a Europa.

Este brevísimo e incompleto apunte es suficiente para entender dos aspectos referentes al trabajo de Los Carpinteros.

El más simple, el porqué del éxito del grupo a partir de sus presentaciones en ARCO y demás ferias internacionales (de hecho el porqué viven y trabajan en Madrid y La Habana); el segundo, algo más complejo, el desencanto por las ideologías, o falta de postura o compromiso personal que muchas veces parece estar presente en sus trabajos, por más que en su origen haya sido un grupo destacado por su actitud crítica y permanente cuestionamiento.

Por ejemplo, el Faro tumbado, 2006, melancólica imagen del fracaso del régimen comunista.

Ocho instalaciones, nueve acuarelas de formato grande y un video, es el material que expone el Marco, todas como ya se ha dicho de impecable factura. En particular me llaman la atención las acuarelas, técnicamente son casi perfectas, más sobresalen por el manejo de la luz, es como si sus soportes (papel) estuvieran cubiertos por una diáfana capa de color que hace ganar a los objetos pintados nitidez y claridad.

De entre estas acuarelas hay una que me parece puede servirnos para entender un poco mejor esta exposición, se trata de aquella que representa una pesada construcción en cuyo frente se lee con grandes letras "El pueblo se equivoca" (2015), una terrible sentencia con una poderosa carga ideológica viniendo de donde viene. Que Donald Trump lo dijera no sería sorprendente, que lo digan unos jóvenes cubanos sí que pesa y mueve a la reflexión. Como también lo hace 17 mts. (2015), la instalación con 17 metros de trajes para caballero (camisa, chaleco y saco) que llevan una estrella en el pecho que los atraviesa y sale por la espalda, trata sobre la uniformidad, la uniformidad deseaba por el gobierno de La Habana, pues esa estrella es la de su bandera.

Pero ¿dónde, en esta exposición, está el contexto, histórico, político, social, que nos permita leer correctamente estas piezas?, ¿es realmente necesario? Creo yo que hay dos (en realidad debe haber muchas más) maneras de acercarse a esta muestra, una es por el lado de los objetos, por el de su cocina, e incluso por el de su belleza y poesía; la otra, por el lado de contemplarlas con su trasfondo cultural y político.

La primera es como tomar café sin cafeína, el llamado descafeinado, que corresponde un poco a fingir que estás tomando café y además que así lo aprecias.  


xmoyssen@udem.edu.mx

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