Danza con los 5 fantásticos

Como André Breton, desconfío de la pintura como vehículo para mostrar el funcionamiento real del pensamiento, que es el propósito de quienes siguen los principios o ideas nodales del Surrealismo. Por el contrario, y gracias a un brillante texto de Rosalid Krauss, soy un convencido de que la fotografía es un mejor medio, o funciona mejor para cumplir con esta misión.

Mas no ocuparemos este espacio para discutir sobre qué medio es más surrealista, sino que mejor lo aprovecharemos para esbozar un par de ideas que aparecen tras la visita a la exposición La danza de los espectros, inaugurada en el Marco el pasado día 7. La danza... reúne, si bien de manera desigual, la obra de 5 productores europeos quienes durante o luego de la Segunda Guerra Mundial, por una u otra razón decidieron radicar en nuestro país (de manera permanente o temporal), productores que, igualmente, por causas diversas estuvieron ligados al movimiento surrealista de la época; hablamos de los españoles Remedios Varo y José Horna, la francesa Alice Rahon y su esposo, el alemán Wolfgang Paalen, y la inglesa Leonora Carrington.

Acerca de su incorporación al arte mexicano, su posible o nula influencia en sus colegas de México, la participación de éstos en el movimiento surrealista y en particular en la pintura, y, en síntesis, para citar el lugar común, si México es o no un país surrealista, ya se realizó la extraordinaria exposición Los surrealistas en México en 1986 en el MUNAL de la Ciudad de México y, aquí, en el añorado Museo de Monterrey. Así que obviemos esta parte (aunque siempre son buenas y necesarias las revisiones a temas que se creen conclusos) y tratemos de ir más allá.

Para muchos visitantes, las piezas que componen esta muestra representan uno de los momentos cumbre del arte occidental pues a la vez que cumplen con un naturalismo que las hace transparentes o de fácil identificación, se les unen un contenido siempre atractivo pues permite y hasta invita a ser interpretado, leído, e incluso a creer que se da con la “clave secreta” que abre de par en par su “mensaje”. De aquí que el “surrealismo” sea siempre un éxito de taquilla y el favorito de todos.

Y es que con extrema facilidad se confunden con el término genérico de surrealismo la pintura fantástica (más antigua que el mismo Surrealismo) y el realismo mágico, que si bien podrían ser veneros de los que se alimenta el Surrealismo, no lo agotan ni lo representan por completo. Esto podría explicar también porque son tan diferentes los trabajos de estos 5 productores, cómo es que pasar de la ilustración (Varo) a la abstracción (Paalen) puede ser, todo, Surrealismo.

La exposición del Marco tiene el gran acierto de incluir obra sobre papel (dibujo y gráfica), lo que ofrece la posibilidad de ver otras maneras en que se manifiestan las ideas y procesos de los productores. Gracias a esta incorporación es que puedo revalorar a Remedios Varo, no tanto por su obra terminada, sino por su asiduidad al trabajo y su permanente experimentación técnica (ver al respecto Títeres vegetales del 1931 y Guajolotenavideño, 1959).

Me parece que ella junto con Wolfgang Paalen, son las grandes estrellas de esta exhibición. Curiosamente, como señalo arriba, ambos representan extremos en la producción simbólica asociada al Surrealismo. El trabajo de Varo, meticuloso, delicado, sutil, es más bien la ilustración de ideas fantásticas que algún día imaginamos cómo se verían. El de Paalen, por el contrario, mucho más cercano a la pintura surrealista de la posguerra, se balancea entre Tanguy y su propia versión del Expresionismo Abstracto (desde mi punto de vista la única pintura surrealista) sin la brutalidad de los norteamericanos.

Independientemente de si se trata o no de otra exposición del Surrealismo, lo importante, me parece, es que constituye una oportunidad para ver y apreciar lo que en otro momento se ha hecho en nuestro país; sólo así dejaremos de pensar que lo moderno es de reciente invención.

www.visionyrepresentacion.blogspot.com