Cuerpos en suspenso

Las fotografías se exhiben en el pasillo del segundo piso del Museo Metropolitano.

En el catálogo de la ahora famosa exposición El ojo del fotógrafo (1964-1966), John Szarkowski, quien fue su curador, plantea cinco tópicos básicos para la comprensión-apreciación de la fotografía, entre ellos el movimiento, o mejor dicho, la relación que existe entre la dimensión temporal y la fotografía; a raíz de éste y otros textos, que bien podríamos llamar los de la oficialización de tal relación, hemos aceptado y añadido al lenguaje de la fotografía todo detalle que denote que algo o alguien esté en movimiento, incluidos los que antaño podrían haberse visto como errores (desafocados, barridos, líneas continúas, etc.), comprobando así, y una vez más, que la fotografía es un arte espaciotemporal.

Si bien, entonces, desde Lartigue o Capa sabemos ver y entender que en la imagen también el mundo está en movimiento, lo contrario es igualmente válido, esto es, volumen, masa, peso, estructura, lo tectónico de las cosas habla de lo rotundo, lo permanente y su temporalidad. Estas son algunas de las reflexiones a las que puede llevar la muestra El tiempo detenido, imágenes de la danza (fotografía alemana), en exhibición desde el pasado 5 de febrero en el Museo Metropolitano de Monterrey, gracias a la colaboración con el Centro Cultural Alemán de esta ciudad.

El primer conjunto de fotografías con el que nos topamos (Bettina Stöb Moving Movements, 1996) es, precisamente, un extraordinario ejemplo de cómo la fotografía actual no sólo es capaz de congelar el movimiento, a las cosas, personas, objetos que estén moviéndose, sino hacer de tal congelamiento el antagonista del devenir y su dinámica, así como la imagen a través de la cual aparece la riqueza y solidez de las formas estáticas, suspendidas eternamente, como si de esculturas se tratara. Dígase lo mismo del conjunto intitulado Forsythe-Detail (1996-199) de Agnès Noltenius que alcanza a transformar en obra arquitectónica el cuerpo del coreógrafo por los encuadres empleados al momento de ser fotografiado.

Pero la pequeña muestra (59 piezas en total) también es rica en otra clase de ejemplos: es bien sabido que partir de los años 70 del siglo pasado la fotografía tuvo un importante viraje cuando empezó a ser empleada por productores que no eran fotógrafos y/o que tenían poco interés en el medio. Si recurrían a él, se debía, más bien a su capacidad para generar todo tipo de imágenes sin necesidad de recurrir a los convencionalismos del dibujo o la pintura. Desde entonces está otra aproximación a la comprensión, uso y reflexión de la fotografía ha terminado por ser mayoritaria. Dos ejemplos tomados de la exposición, de Domink Mentzos, Human writes (2005) y de Andreas Esswein, Movimientos ampliados del 2004. Imágenes que siguen refiriéndose a la danza, pero también a otros conceptos difíciles de transmitir sin su concurso, o bien que aparecen gracias a que se pueden generar las imágenes que los comunican.

Con todo lo anterior y a pesar de lo mucho que me pueda interesar una exposición como ésta y de que estoy consciente de que no es la gran exposición de fotografía alemana, que no son los Becher, Gurzky o Thomas Struthlos que ahí se presentan, creo que debería haberse mostrado más respeto por el trabajo de estos fotógrafos y el esfuerzo que representa traerlos a la ciudad. Me refiero al trato que se le ha dado a la muestra en el Museo Metropolitano.

Había estado evitando mencionar el lugar dentro del museo en que se exhiben estas fotografías que no es otro que el pasillo del segundo piso y, en ese sentido, el peor lugar en el que se puede exhibir fotografía o cualquier otra obra cuyo soporte sea el papel, sin importar como esté enmarcada (a menos que estuviera encapsulada al alto vacío) es en el exterior, la humedad (como la que ha prevalecido desde hace semanas en la ciudad), los cambios de temperatura y la luz solar son sólo algunos de los enemigos mortales del papel. Quizás en este momento no sean visibles sus efectos, pero tarde o temprano, con toda seguridad, acabarán pagándolo. Y conste que únicamente me he referido a este aspecto cuando bien podría explayarme señalado el mal estado de mamparas, cédulas y pared sobre las que se lleva a cabo la exposición y que sin duda desmerece, y mucho, cualquier esfuerzo que se haga a favor de la cultura. No por tratarse de un inmueble municipal de carácter público se autoriza a descuidar la atención que deben recibir todas las obras que ahí se exhiban.

xavier.moyssenl@udem.edu

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