Cuba I Hasta la victoria siempre

Cuba vive tiempos de cambio, no sólo por lo narrado, sino incluso por la visita, en septiembre del papa Francisco.

Por una u otra razón ésta es la tercera vez que regreso a Cuba. La primera de ellas fue a inicios de los años 80; la segunda, al cabo de diez años, en el 91; y ahora, veintitantos años después. Como para muchos, esa primera visita fue impactante, pues desde la ausencia de anuncios comerciales en los espacios públicos, la antigüedad de los pocos autos que circulaban por las calles y el más que evidente sentimiento anti-norteamericano, hacían de la visita una auténtica experiencia fuera de este mundo, es decir, del llamado capitalista.

La segunda vez que pisé suelo cubano acababa de iniciar el Periodo de Excepción, cuando se abandonó a la isla a su suerte y recursos ante la disolución de la antigua Unión Soviética. En eso, más que los imperialistas yanquis que seguían, y siguen, ahorcando al país con el embargo comercial, fueron los rusos, alemanes del Este, yugoeslavos y demás integrantes del bloque socialista, quienes se convirtieron en el blanco de críticas y del odio de los isleños que en ese entonces sí que la pasaron mal.

Los ya de por sí pocos autos se hicieron menos por falta de las más elementales refacciones, las filas para comprar comida se volvieron interminables; casas y edificios que ya de por sí reclamaban mantenimiento y restauración no sólo acabaron de deteriorarse, sino que daban a las calles de La Habana un aspecto más que desolador, de triste abandono. Pero quizás lo peor de ese momento fue el incremento de quienes se jugaban la vida por dejar la isla, el encuentro, a pleno sol y en medio de la calle, de la más flagrante prostitución (femenina, masculina e infantil), de la venta de drogas ilegales y/o fármacos prodigiosos que garantizaban desde la cura del cáncer hasta una potencia viril jamás imaginada antes del Viagra y, por supuesto, el tristemente célebre mercado negro de divisas, acompañado por el de los habanos y el ron. Y a pesar de todo, el pueblo cubano siempre fue amable, amistoso, solidario y jamás perdió ni un ápice de su orgullo y dignidad.

Así pues, hoy regreso a Cuba una vez más. Me propuse ir antes de que la inversión extranjera y sobre todo la norteamericana regrese y vuelva a echar raíces en una tierra cercana, en más de un sentido, al paraíso.

El domingo pasado, como se sabe, se conmemoró un aniversario más de la Revolución. Días antes, el enorme edificio que representa los intereses de los Estados Unidos en Cuba, dejaba de serlo para convertirse en embajada, lo mismo que ocurrió en Washington, DC. A fines de agosto se espera que sea el vicepresidente de los Estados Unidos, John Kerry, quien visite La Habana e ice la bandera de su país en este mismo lugar como acto simbólico con el cual se restablezcan oficialmente las relaciones suspendidas hace más de cincuenta años.

Sin duda Cuba vive ahora tiempos de cambio, no sólo por lo narrado, sino incluso por la visita, en septiembre próximo, del papa Francisco, confirmándose así la apertura que en todo sentido, empieza a vivir la isla. Cambios que, desde mi perspectiva son evidentes, y me parece que el principal de ellos es la circulación de capital. Desconozco si ello se debe a la posibilidad de emprender negocios privados, la entrada de más inversionistas en el campo del turismo, su incremento, o a las donaciones que instituciones u organismos como la UNESCO o el ICOM hacen con el fin de restaurar edificios y monumentos, o a todas ellas, pero esta circulación de dinero no sólo se ve en la restauración de la Catedral, del Capitolio o el Teatro Nacional, sino en muchas casas habitación, más de las esperadas, del área conocida como el Vedado y que antaño no se diferenciaban de las de Centro Habana o el casco histórico. Los autos de los 40 o 50 que tanto llamaban la atención y daban ese toque de nostalgia a las calles de La Habana empiezan a ser verdaderas reliquias, curiosidades para los turistas, y van siendo remplazados por los coco-taxis, motonetas convertidas en servicio público, los bici-taxi, o por la moderna flotilla de taxis amarillos Nissan; ya no es extraño ver Audis, Volkswagen, Toyotas, Mercedes Benz o cualquier otro auto europeo o asiático circulando exactamente igual que lo hacen por nuestras calles.

Los trabajos de pavimentación, y de restauración, limpieza y pintura de una gran parte de la Habana Vieja, van permitiendo se acerquen y abran nuevos comercios, en poco las principales plazas de La Habana serán sede de firmas internacionales, exactamente como las que se pueden encontrar en Cancún o Miami, y si de por sí la vida nocturna es intensa, hay que imaginar qué será cuando pululen night clubs de todo género y diversos alcances.

Como en cualquier lugar, sigo pensando que lo mejor de Cuba son los cubanos, deseo que esta nueva etapa en su historia sea para bien de todos, sin embargo, me pregunto si los sobrevivientes de los 50 o 60, los que creyeron en los postulados de la revolución, ante la perspectiva que se les abre ahora, ¿seguirán pensando que valió la pena tanto y tantos años de sacrificio?

xavier.moyssenl@udem.edu

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