Bienal (II)

¿La presencia de una pieza en internet la hace abandonar su carácter de inédita; o en qué momento sucede eso ahora?

Quiso el destino que el mismo día que fuera inaugurada en esta ciudad la XI Bienal Monterrey, FEMSA, 14 de agosto pasado, en la Ciudad de México ocurriera lo mismo pero con la XVI Bienal de Pintura Rufino Tamayo, la única en importancia que se asemeja a la de casa. 57 piezas de 56 productores conformaron la muestra de allá, que entregará sus premios en diciembre próximo.

Imposible detenernos en más detalles, semejanzas y diferencias entre ambos eventos, apuntaremos únicamente que la nota en la exposición del Tamayo, fue la crítica que los propios curadores hicieron primero de la entrega, y de su selección después. En resumen, sus opiniones van por el lado de la falta de calidad en los trabajos que se recibieron y la ausencia de una cierta contemporaneidad en las piezas expuestas. Más prudentes y juiciosos, quienes han seleccionado y premiado la muestra regia, han preferido callar y esperar a que sea el público quien juzgue los resultados a los que llegaron.

Creo que tanto las críticas del Tamayo, como esa sensación de déjà vu, que me provoca la obra de la muestra de aquí, cuestionan hasta qué punto es pertinente mantener un esquema de promoción y difusión como éste en un contexto global, digitalizado, inmediato, en el que si algo sobra, son precisamente las oportunidades de promoción y difusión de la propia obra o la de cualquier otro. Y éste es el menor de los problemas a los que se enfrentan patronos y demás organizaciones convocantes. Dos variables más a considerar. La producción ha cambiado tanto que ahora el problema es tener obra qué exponer, ¿exponer? ¿Quién habla de eso cuando lo que se busca es ganar becas y programas de apoyo a proyectos concretos? Una vez logrados, ya habrá tiempo para pensar en esa otra actividad que se vuelve secundaria. Y, dos, ¿la presencia de una pieza en internet la hace abandonar su carácter de inédita; o en qué momento sucede eso ahora?

El esquema de estos concursos funcionó, y muy bien, en la primera mitad del siglo XX y parte de la segunda, con grandes eventos mundiales que tenían sus réplicas nacionales y locales, pero hoy día, cuando la realidad de la producción artística es otra y el mercado parece ser el baremo más indicado para valorar las obras, ¿cómo mantener el mismo sistema y, sobre todo, el interés de los productores? Y por productores me refiero desde el amateur que se siente capaz de concursar de tú a tú, hasta el profesional con una trayectoria sólida que se beneficiaba con la participación y premiación de su trabajo en un concurso de estos. Quizás sea el momento de empezar a pensar en nuevas estrategias para alcanzar los mismos objetivos que, estos sí, siempre serán aplaudidos.

Hace un momento me he referido a la realidad actual del arte, la invitación y presencia de los productores colombianos, en esta ocasión, nos da la oportunidad de asomarnos a conocer otra parte de esa realidad que también está más allá de nuestras fronteras. Aclaro de inmediato que no soy, ni remotamente, especialista en arte colombiano y que mi acercamiento a él es tan limitado (hablando de promoción y difusión) como las muestras que han circulado por nuestro país del arte de este país hermano.

Tengo la impresión de que, como reacción a un naturalismo exacerbado, por una parte, y por otra, por la difícil situación en que se han encontrado, buena parte de la producción actual de Colombia se decanta por el trabajo conceptual en una amplia y rica gama de variantes y opciones. El trabajo de los diez productores que en la Bienal FEMSA nos presenta la responsable de la muestra, Sylvia Suárez, es el resultado de una o varias de estas tendencias. Desgraciadamente es tan específico y está tan intrincado con su comunidad que ha dejado de significar para quienes no viven o conocen esa o esas historias. Antes que piezas de “arte” son verdaderos objetos simbólicos, que representan, desarrollan, materializan, aspectos que son de importancia para su lugar de origen, pero que difícilmente tienen un contenido, más allá del antropológico quizás, para espectadores como nosotros.

La Bienal de arte FEMSA continúa, fuera de dudas, siendo uno de los eventos culturales más importantes de la ciudad, es por eso que quisiéramos verla renovada y revestida de mayor fuerza. Ojalá y así sea.

xmoyssen@udem.edu.mx

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