¿Agotado?

No es exagerado pensar que el PFC está agotado o inadaptado, sobre todo a la luz de tan pobres resultados.

Es probable que debido a que ese mismo día había otros eventos, la inauguración del PFC 2013 (Programa de Fotografía Contemporánea) no recibiera la atención, o mejor dicho, no hiciera el ruido con que estos eventos se suelen presentar. Quiero pensar, igualmente, que también a eso se debe el que se haya destinado su apertura y exhibición al público, el pasado 26 de noviembre, al segundo piso de la Nave 2 del Centro de las Artes en el Parque Fundidora.

Tal y como se recuerda en el texto que acompaña al tríptico de la exhibición, la presente es la cuarta edición del PFC; cuenta, como la anterior y la primera de ellas, con 16 participantes, mismos que exponen aquí la obra fruto de un año de trabajo, que es lo que dura el ciclo completo de su preparación. Como también se dice en el documento citado, la mejor manera de presentar lo alcanzado o logrado en este lapso es su exhibición pública, dejar que sea el ojo y entendimiento del espectador quien juzgue el trabajo de estos 16 fotógrafos, productores, artistas o como quiera denominárseles (que el nombre es lo de menos).

El desarrollo y puesta en marcha de este programa, surgió, entre otras razones y si no me equivoco, como respuesta al reclamo de algunos fotógrafos de Monterrey que deseaban contar con los medios necesarios para que su trabajo pudiera inscribirse dentro de las tendencias de moda, ya que según la opinión y comentarios de fotógrafos foráneos y otros especialistas que nos visitaban para ser jurado o visores (en especial en el llamado Salón de la Fotografía), indicaban que la fotografía que aquí se generaba (salvo unas cuantas excepciones), la mera verdad, no tenían la altura y fuerza de la que se hacía en otros sitios, y no pasaba de ser provinciana, chabacana, kitsch o francamente mala.

Después de cuatro ediciones, 66 productores se han visto beneficiados por este programa, un número reducido si tomamos en cuenta a todos los que participan en el llamado gremio de fotógrafos y a los que no lo hacen, que fácilmente pueden ser un número semejante o mayor incluso, todos interesados, me parece, en mejorar sustancialmente su quehacer.

De acuerdo a lo que vemos expuesto, me parece que la impresión general no puede ser otra que la de total desaliento, ni los proyectos son interesantes ya que son repetición de la repetición de la repetición que ya hemos visto hasta el cansancio, ni las fotografías, como imágenes generadas por este medio, son buenas, es más, técnicamente dejan mucho que desear, lo que para las pretensiones que se tienen es inaceptable. Salvo los trabajos de Yussel Estrada, Mauricio González o Nora Gómez.

Me corrijo, no hay nada en lo que se expone que haga sospechar, o siquiera intuir, que estos trabajos han pasado por un intenso proceso de tutorías, talleres, conferencias, asesorías, revisiones, etc. No dudo de las buenas intenciones y profesionalismo de ninguno de los involucrados en estas anualidades, pero es cierto que hay momentos en que se debe reconocer que no en todas las generaciones se puede tener Aristeos Jiménez o Alejandros Cartagena, y habría que ver si por haberse sometido a un programa semejante al presente es que ellos han logrado destacar.

No hay varitas mágicas merced a las cuales habremos de ser mejores. Ni este programa, ni cualquier otro que se haga pasar por exitoso puede garantizar que al concluir, quien haya sido su discípulo, cosechará triunfos, o más, estará en posibilidad de que su obra sea mejor evaluada, mejor apreciada por los especialistas. No basta con tener los mejores maestros, ni a los mejores prospectos, para afirmar que la experiencia educativa sea un éxito total… lo que natura no da, Salamanca no doctora.

No es exagerado pensar que el PFC está agotado o inadaptado, sobre todo a la luz de tan pobres resultados, pero antes, me parece, éste es un buen momento para hacer una pausa, replantear objetivos, procesos, recursos, para volver a escuchar qué es lo que la comunidad desea y necesita, qué comenta, qué espera. Y si no hay nada qué mostrar, por las razones que fuera, ser lo suficientemente humilde como para reconocer que este año —o cualquier otro— no hubo una buena cosecha.

xmoyssen@udem.edu.mx

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