El nuevo orden

Yuri podría ser tu enemiga

La güera no se retracta, se sostiene en lo suyo. Yuri a cuadro en la CNN y en contra de que las parejas homosexuales anden adoptando niños como unos Pichi y Chachita cualquiera. Eso de andar jugando a Nosotros los Gómez es patrimonio de la heterosexualidad devota de los desayunos asexuados. Su religión es muy clara al respecto.

Cuenta regresiva… gays rasgándose los jockstraps para mitigar la ofensa.

Las declaraciones de Yuri me sacan las mismas carcajadas de Polo Polo a la mitad de un chiste (porque sus remates son malos o de plano no se sienten, pues las risas me torturan la vejiga) o los VHS de mis primas en Veracruz, en los que aparecen dándose en la madre cuando intentar llegar a la cúspide de una pirámide de chambelanes durante sus XV años. Así de guarro.

¿En qué momento se compraron la ilusión de que la célebre intérprete de “El apagón” estaba de nuestro lado? Incluso en su etapa más atascada, cuando le daba por imitar a Madonna como despampanante reina de carnaval, ¿no era Yuri sino una ama de casa atrapada en el cuerpo de la otra? Adicta a cocinar cenas y a los latigazos… de electricidad; a la velas, música, champagne y un poco ninfómana. Pero siempre dejando claro que aunque el destino le jugara en contra, su lugar estaba en la casa grande, con la frente en alto y el mandil bien atado a la cintura. Su imagen alimentando las fantasías del joterío nacional no la salva de su vocación beata.

Carajo. Al menos responsabilícense de sus ídolos a los que nunca les preguntaron si les gustaría ser iconos gays, que ustedes mismos construyeron, pasando por alto sus convicciones.

Recuerdo que aun teniendo una que otra frase homofóbica de Chuck D dando vueltas en mi cabeza (al menos en aquel entonces, dicen que ya no jode tanto a los putos) decidí por voluntad propia e igual que Yuri, supongo, convertirme a la religión de Public Enemy; para mí era más importante hacerme de una mala influencia que me aportara fuerza y cinismo, y luchar en una sociedad propensa a perpetuar simulaciones morales. Quizás mi obsesión me llevó a forzar una conexión entre el fanfarrón flagelo de la marginalidad nigga del álbum Fear of a black planet y aquella propia de mi homosexualidad en un mundo que te asume buga hasta que demuestras lo contrario.

“Ellos dicen que soy un criminal, ¿pero cómo es que llegaron a eso? Algunas personas nunca lo sabrán. El enemigo podría ser tu amigo o tu guardián. No soy un maldito hooligan, tan solo me gusta la fiesta y aclarar cualquier tipo de locura…”, rapeaba Flavor Flav en “Don’t believe the hype”, aunque ese track viene en el It takes a nation of millions to hold us back.

Gracias a los sampleos de anarquía callejera y funk, y el rapeo de los Public Enemy, me hice chaquetas mentales y construí mi propio axioma de orgullo, extremo y desconfiado: el enemigo podría ser tu amigo. O esa estrella tan socorrida en los shows travestis y cuyo público que abarrota los auditorios nacionales sean mayoritariamente gays.

Me tiene sin cuidado lo que piense Yuri de mi homosexualidad y capacidad de adoptar niños, y el impacto homofóbico que pueda tener en algunas familias de comercial de cereal. Honestamente no creo que unos cuantos enunciados gangosos soltados en un programa de chismes con la fe cristiana sobre las tripas como un yunque sean suficientes para poner en riesgo todos los derechos ganados en la legislación del matrimonio igualitario, lo que de verdad importa, según entiendo. Pero quizás sea justo eso lo que molesta a muchos gays. Una vez más, y a pesar de tanto orgullo y aplausos y celebraciones por el primer beso gay transmitido en una telenovela, alguien viene a recordarnos que por mucho que nos esforcemos en abrazar los convencionalismos de origen buga, esos que incitan al recato, seguimos siendo los parias de la maqueta familiar inspirada en los románticos enredos de Joaquín Pardavé y Vitola. Sí, ser homosexual no debe ser un impedimento para firmar un acta matrimonial y prometer fidelidad y monogamia, pero el discurso de que solo estando casados-con-todas-las-de-la-ley, los homosexuales tendremos un estado de bienestar mejor que solteros, me parece igual de conservador que las declaraciones de Yuri.

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