El nuevo orden

El santo homofóbico

La iglesia católica no acepta a homosexuales y nunca los aceptará. Aun cuando muchos miembros de la comunidad gay se partan la cabeza encontrando metáforas...

Un Jueves Santo más y muchos siguen asociando homosexual con pederasta. Vomitivo lugar común.

Mientras tanto, los verdaderos pederastas no quitan la perversión del renglón, a salvo siguen oficiando misas en las que ser homosexual es uno de los pecados más deleznables, paseando sus ridículas túnicas en los pasillos de las altas jerarquías católicas. Peor aún, continúan lacerando niños que muy probablemente serán adultos atormentados.

La divulgación de investigaciones no para: el papa Juan Pablo II calló, al tener en sus narices, cientos de evidencias de cientos de casos de sacerdotes que abusaban de niños, incluyendo el perturbador episodio del padre Maciel. No sólo mantuvo un frustrante silencio. Con ayuda de todo el engranaje del Vaticano y teniendo al cielo de su lado protegió a su séquito de pederastas a fin de no enfrentarlos a las leyes que los pudieron haber mandado a la cárcel. Juan Pablo II fue cómplice de pederastas. Y un aplaudido homofóbico. El Papa Viajero, el que puso en situación de epilepsia a esas audiencias que se contorsionaban al escuchar los balbuceos seniles de “México sabe gritar, México siempre fiel…” y no cuántas estupideces más, nunca perdió oportunidad para amonestarnos, satanizar nuestro placer con una soberbia moral insoportable. Con todo, fue capaz de tener hombres pasivos como adeptos.

Juan Pablo II fue el cómplice más terrorífico de toda esa horda de pederastas. Y dentro de poco será canonizado. Habrá un nuevo santo al que rezarle. Su figura tendrá un lugar especial en las iglesias, sobre pedestales que en su interior colocan una caja en la que por una ranura depositas limosnas.

Tal payasada es obra del actual orate papa Francisco. El mismo que conmovió a los editores de revistas como Rolling Stone y la seminal The Advocate, tanto como para que sus ropones blancos acapararan las portadas. Al parecer mordieron el anzuelo. Cuándo Francisco se mostró tolerante con la raza que gusta por morder la almohada. El Papa que supuestamente renovará la absurda rigidez de la Iglesia católica es el mismo que hará de Juan Pablo II un santo.

La Iglesia católica no acepta a homosexuales y nunca los aceptará. Aun cuando muchos miembros de la comunidad gay se partan la cabeza encontrando metáforas de tolerancia en las lectura bíblicas. Con todo respeto, aquello me parece un mero ejercicio de necedad interpretativa. La nuestra es una batalla perdida ante la tiranía moral del catolicismo. Lo más sensato que podríamos hacer es eliminarla de nuestro respeto. Cada vez que un homosexual practica sexo anal, está un escalón más cerca del infierno, quizás excepto los sacerdotes, obispos y demás miembros del escuadrón apostólico, ellos medio se salvan, pues como decía Almodóvar en su película La mala educación, Dios está de su lado. 

http://twitter.com/wencesbgay