El nuevo orden

De posadas gays y “dígame licenciado”

La posada ocurrió en un departamento que, cuando entré, no sabía si estaba en el hogar del anfitrión o en el piso de blancos de esa tienda departamental famosa por su campaña de publicidad, la de los aforismos cada vez más forzados. Había momentos en los que me invadía el impulso de buscar la etiqueta a los sillones o al revistero que al mismo tiempo era perchero para bufandas (si lo sabías usar) o al maniquí de madera a escala en cuya superficie sexogenéricamente masculina tenía escrita aquella famosa frase de Oscar Wilde: “The only way to get rid of temptation is to yield to it…”.

El dueño del departamento es ingeniero industrial. Llegué ahí gracias a un amigo. Me queda claro que fui su última opción y para su fortuna (y la mía) cuando marcó, digamos me agarró jarioso.

Me presentó como Wences el de MILENIO, y el dueño del departamento y anfitrión dijo que gracias a mi cuate sabía de mi trabajo. Abrió la boca: “Tú eres el que está en contra del matrimonio gay, ¿no?”. Tres cuartos de la posada, todos ellos homosexuales orgullosamente bien vestidos y autodenominados licenciados, aunque no se los preguntaras, contadores públicos, más ingenieros, profesiones por el estilo, se me vinieron encima. Encrespados, aseguraban mi postura fomentaba el conservadurismo, ignorancia. Con toda la tranquilidad que me daba el saber que tendría sexo después del ponche, les contesté que no creía lo mío fuera conservador, al contrario, para mí el matrimonio es metafísicamente conservador. Dije que recién había terminado un libro, Moral, derecho y política en Immanuel Kant coordinado por Julián Carvajal Cordón, en el que se habla de la ley permisiva de Kant y su posible alcance jurídico reformista (todo contexto histórico ubicado) versus unas leyes conservadoras que, sin embargo, podrían ser validadas por el statu quo, desde luego el matrimonio del lado del conservadurismo.

Casi todos alzaron las cejas, se voltearon a ver las caras, tratando de sacarse los ojos como buscando una respuesta.

Un tipo de sudadera gris y unos pantalones que según yo eran igualitos a los que usaba Diego Shoening en el video de “Tú y yo somos uno mismo”, sólo que en negro y más rabones, a la altura de los tobillos, arremetió: “Eso nada tiene que ver, eso que tú citas nada tiene que ver, o sea, nada que ver. O sea, eso de citar cosas raras es tan… no sé, de la Dichosa palabra”. Supongo se refería al programa del Canal 22 y siguió repitiendo nada tiene que ver una cuatro veces más y defendiendo el matrimonio gay.

La verdad es que su comentario me provocó esa risa visceral que se te escapa cuando acabas de escuchar un chiste de Polo Polo; por poco escupía la chela. Lo hizo con gracia. Pero lo cierto es que me sentí como el nerd de la posada en medio de unos gays orgullosos de pertenecer al sector educado del país, licenciados, lectores de Oscar Wilde, bien vestidos.

http://twitter.com/wencesbgay