El nuevo orden

Los papás nunca entienden: 20 años del "soundtrack" más alarmante

Matrimonios bugas y gays enfrascados en una batalla por ver quiénes son mejores padres y personas a fin de ganarse un puesto en el púlpito del conservadurismo.

Este 2015 se cumplen 20 años de Kids, aquel peliculón de Larry Clark, para muchos incómoda de ver por la crudeza de sus secuencias sin filtros: un grupo de adolescentes perdiendo el tiempo entre patinetas, solventes, violencia, sexo, tríos, sida y música techno, pero sin pretensiones morales, como lo hizo parecer el tergiversado marketing; había consecuencias, sí, pero eran parte de la rutina y no se mostraban con intenciones de moraleja como en Cuatro lunas, cuyo mensaje podía entenderse de esta manera: “Si vas a una orgía gay, te estrellarán un envase de cerveza en la cabeza”. La culpa fue de un beato del New York Times que la reseñó como “Una alerta al mundo sobre la juventud actual” (frase que sigue insistiendo en las ediciones dvd); supe de varios papás que, impulsados por la misión de proteger a sus hijos, compraron un boleto pensando que verían un documental de Hallmark y ¡tómenla! Primera escena: dos mozalbetes semidesnudos sobre el colchón, un bato seduciendo en crudo a una morra con tal de quitarle su virginidad, ambos con los vellos evidenciando que apenas rebasaban los quince años de edad; luego vendrían los riffs de “Daddy Never Understood”, el track de un minuto y 18 segundos que acompañaba los créditos de entrada, hercúlea pieza de hardcore clásico, desvergonzada y afónica, cantada por Deluxx Folk Implosion, proyecto de Lou Barlow, en ese entonces recién enemistado hasta la yugular con J Mascis, de Dinosaur Jr. El soundtrack de Kids es una maldita joya, Lou y su efímero Folk Implosion transitan géneros tan inaccesibles como del hardcore al downtempo precursor del triphop a una velocidad prodigiosa.

Para mí el mensaje de Kids era similar a la canción de Folk Implossion: a veces los papás están más preocupados, pero nunca entienden.

Mientras me reencontraba con el soundtrack de Kids, me llegó un video proveniente de Jalisco, una tal Lupita Venegas convoca a una “Marcha por los niños” el próximo 25 de julio que partirá de la Minerva a la avenida Chapultepec de Guadalajara; la idea es congregar a “ciudadanos con la convicción en el corazón de que lo mejor para cada niño es crecer y desarrollarse en el seno de un hogar donde un papá y una mamá se aman. Queremos que los gobiernos establezcan políticas que fortalezcan a la familia, no que la redefinan… eso podría generar antivalores en los niños. Marchemos por la familia natural” dice Lupita. La marcha es una evidente manifestación contra la legalización del matrimonio gay a nivel nacional y una provocación beata para ver de qué cuero salen más mochos. Como siempre, los gays mordieron el anzuelo. Minutos después recibí un correo con una serie de estudios científicos adjuntos que demuestran cómo es que una pareja de homosexuales pueden llegar a ser mejores padres que los bugas. Matrimonios bugas y gays enfrascados en una batalla por ver quiénes son mejores padres y personas a fin de ganarse un puesto en el púlpito del conservadurismo. Siempre he creído que mejor persona es aquel que no accede a ser un Godín de la militancia moral para linchar todo aquello fuera de las buenas formas. El buen gusto es también observar en silencio.

Honestamente no encuentro mucha diferencia entre el tipo que me envió el correo con sus estudios científicos y el video de Lupita Venegas. El único aquí que tiene la razón es Lou Barlow: los papás nunca entienden.

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