El nuevo orden

Thor

¿Ya viste a esa Thor con su mazo de unicel envuelto en papel aluminio?

-Sí, ¿qué le pasa? Se ve ridícula y pobretona.

Decían una pareja de jóvenes mientras se abrían paso sobre la calle de Amberes, entre empujones, haciéndose de un lugar con visibilidad decente al asfalto.

Además, el Thor del Paseo de la Reforma llevaba unos pectorales macizos que a lo lejos, daban la impresión de estar inflados con una juguetona mezcla de plástico y hule espuma. El pelo artificial. Seguro en las fiestas infantiles sería un éxito, el héroe de la tarde, enemigo de los villanos y las verduras hervidas. Pero en las Marchas del último sábado de junio no solo se pregona el orgullo de ser no-buga al ritmo de jotería sampleada.

La salida del Metro Insurgentes era un embotellamiento de nalgas y rímel. El ritmo en sus pasillos y escaleras avanzaba a un paso humano cada diez minutos. Llegué tarde. Dicen que La Supermana le bufó a La Bogue y que ella le devolvió las indirectas en su tuiter. Unos aseguran que todo fue broma. Otros, que el resentimiento estaba detrás del incisivo sarcasmo.

Recuerdo una vez, hace varios años, cuando durante la Marcha, un tipo, intoxicado por el entusiasmo causado por el remix de Whitney Houston se quitó la camiseta y gritando en agudo. Entonces alguien le gritó: ¡Cualquier gordibuena ya se siente musculoca! ¡Mucho bícep y mucha lonja! El tipo se puso colorado. Su ánimo recayó un poco, aunque no se agüitó lo suficiente como para esconder su torso por culpa de los gritos que parecían ser de jueces de algún certamen de belleza de Torreón.

Entre jotos podemos bufarnos, pero jamás te retaré a rifarnos un tiro a la salida.

La crueldad, solidaria y filosa al mismo tiempo, atraviesa la bandera del arcoíris con la misma delicadeza, y precisión anatómica con la que un fino bisturí abre la piel en dos. El orgullo LGBTTTIQ, además de visibilizarnos y ejercer una lucha por configurar nuestros derechos, también pone en evidencia el circo de nuestras vanidades y escarnios jotos.

¿Será que podemos ser tan crueles como los que gritan ehhhhhh puto en los estadios?

El entusiasmo de la 39ª Marcha del Orgullo proporcionaba tales dosis de adrenalina y ansiedad por la fiesta, que el polémico grito que hostiga a los porteros en los estadios de soccer de México pareció arrumbarse en los talones de los militantes del arcoíris, a pesar de que algunos contingentes lo gritaban fuerte y entre risas y alharacas.

Nadie aprovechó la fructífera exposición de las cámaras de televisión que tomaban registro de la marcha para protestar contra ese grito homofóbico que de algún modo tiene una fuerte injerencia en los crímenes de odio por homofobia, según me comentan algunos de los detractores más radicales, según entiendo, es un grito con capacidad similar al del efecto mariposa: el puto de los estadios terminará por hacer efecto en un psicópata que cuando lo escuche, saldrá a rebanar al primer gay que se le aparezca en el camino. O eso entendí. Entendí mal. Me gusta el fut, el Arsenal y el Santos Laguna. Y soy puto. No puedo ofenderte en automático. Me ciega la depresión cuando veo a mis equipos perder.

Pero vuelvo a la Marcha. Ni un solo cartel que incluyera una consigna contra la homofobia masificada de los estadios. Al menos yo no la topé. En la marcha había más logos de marcas que carros alegóricos. Una versión del desfile del Día de Acción de Gracias de Macy´s, pero bajo una contingencia ambiental cyberpunk y con vendedores ambulantes ofreciendo latas de cerveza a 30 varos y cigarros de mariguana y gomichelas con sus picosas dosis de chamoy y gastritis. Un buen cuate leyó la crónica publicada en El Ángel Exterminador, me dijo que no fuera tan amargado y resentido, “los gigantescos inflables de Cabify atraen a gente bien y así se hace un equilibrio” me explicó. El mismo cuate que se indigna con los gritos de ehhhhhh puto y tacha a quienes los aúllan de salvajes e ignorantes y se suma a los debates al respecto.

El desmadre colorido de la Marcha pudo haber sido un buen saque de banda del equipo de los gays, los putos, los ofendidos, contra esa porra homofóbica que ya cuesta sanciones por parte de la FIFA. En una de esas, Thor se da cuenta y nos salva de las fechorías. Como hasta ahora ha sucedido. Queremos que sean otros los que nos salven y prohíban la palabra, aunque el orgullo gay también incluya el orgullo de menospreciar el fut.

Twitter: @wencesbgay

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