El nuevo orden

El club de "El Leviatán"

A veces pienso que la culpa la tuvieron mi abuelo y el pinche Henry Rollins y George Michael. Tanta masculinidad terminó por atrofiarme. Cuando niño acompañaba a mi abuelo al campo, a la pizca de algodón y espiga, lo disfrutaba tanto, me sentía tranquilo y cachondo rodeado de hombres con los cuellos rojos de tanto estar bajo el desértico y cruel sol de Torreón en verano, bromeando y comiendo tacos de carne con salsa de molcajete tan picosa que se nos salían los mocos. En cambio las niñas de la escuela me resultaban impenetrables y lejanas, con su propensión a discurrir acompañadas, siempre. Nos miraban directamente a los ojos, luego se decían cosas al oído y se partían de la risa. A veces les respondíamos jaloneándoles los suéteres o escondiéndoles sus muñecas. Otras las ignorábamos y aun así, los niños terminábamos castigados. Para mí, estar a salvo era manteniéndome lejos de ellas. Odiaba que dijeran que era novio de tal o cual niña solo porque nos sentábamos juntos cuando a mí me gustaban cualquiera de los verdaderos Cazafantasmas para novio. Luego Henry Rollins me mostró un mundo de autosuficiencia crítica y musculosa; los bailes de pogo con un chingo de cabrones estampándose unos con otros sin camisa fueron mis primeras orgías. Y George Michael me condujo a las ilustraciones de Tom of Finland. Tanto que llevo una de sus ilustraciones tatuadas en el brazo.

Mis bares favoritos son los que terminan siendo un Club de Toby gay, puedo meter mano a las braguetas sin ser espiado como lo hacían las niñas de mi primaria. Quizás esté traumado, pero da igual cómo ensamblé mis fetiches.

Hace poco dije que Sergio Goyri era uno de los cabrones que me hacían perder la cabeza por su exceso de testosterona nacional, su bigote espeso y su mirada entre insondable y triste. Sobre todo me pone como gelatina cuando lo veo con un parche en el ojo, encarnando al detective Héctor Belascoarán Shayne, el personaje literario salido de la mente de Paco Ignacio Taibo II.

Entonces un chaparrito flaco y afeminado con unos cuantos pelillos en la barbilla, a lo Shaggy, el de Scooby-Doo, me acusó de fomentar la tiranía del machismo dominante y la misoginia gay. Me regañó. Me dijo que debería recapacitar. Leer a Foucault. Deshacerme del yugo patriarcal. Casi puedo asegurar que se proponía como candidato para demoler mis debilidades hipermasculinormadas. Era el mismo que una vez me preguntó: ¿No te meterías con un chico afeminado ni por solidaridad con las mujeres?

No.

Una cosa es mi solidaridad (que cobra forma de puños cerrados cuando defiendo a mis amigas y a mis amigas trans de otros cabrones) y otra mi configuración porno y en esta última, mis neuronas le han impuesto visa a los afeminados y las mujeres de plano no entran.  

Si algo me enseñó El Leviatán de Joseph Roth, cuento que narra las aventuras de Piczenik, el comerciante de corales finos que pierde su fortuna cuando cede a la tentación de mezclar corales auténticos con corales falsos, es la lealtad conmigo mismo, con mis deseos y defectos y prejuicios; mis gustos y rechazos son míos y no hacen daño a nadie.

¿Me tengo que sentir culpable?

“La traición a uno mismo es el primer peldaño hacia el fracaso”, dice Enrique Vila- Matas.

Pienso en el chaparrito flaco y afeminado. Su idealismo de acabar con las individualidades normadases bienintencionada. Mi brete es con su actitud, como el joven comerciante que le propone a Piczenik mezclar corales auténticos con los de plástico para ganar más. Hoy parece más importante salir bien librados de las opiniones digitales y ganar aplausos, que mantenerse fiel a uno mismo.

La lealtad a las formas, las buenas formas, es un peligro, aspira a la nulidad del sentido común y la empatía y fomenta la convicción robotizada. La no discriminación como tracción mecánica, previa programación de algoritmos políticamente correctos, no exentos de errores de programación, en este caso, la tentación de la tiranía, de generar conciencia mediante la repartición de culpas y el linchamiento al que piensa diferente y aún más, es consciente y responsable de sus deseos.

Twitter: @wencesbgay

stereowences@hotmail.com