El nuevo orden

La jotérrima trampa de Conchita Wurst

De todos ellos, la creatividad musical está por encima de los vestidos, las barbas y ese socorrido atentado de géneros y roles.

Una mujer barbuda embarrada de lentejuelas meneando senda cabellera, cantando como si a Shania Twain le sangraran las amígdalas en una contienda por ver quién se queda con el tema principal de Titanic.

Lo de la mujer barbuda ganando el Festival de Canto Eurovisión hace poco no pasa de ser un acontecimiento de ilusión óptica chistosita. Dejémoslo ahí.

La atrevida participación de Thomas Neuwirth, el artista detrás del personaje de Conchita Wurst, y su alteración a la identidad de género en el panorama musical no es nada nuevo. De entrada se me vienen a la mente dos ejemplos seminales: la morrocotuda Divine y Boy George en sus tiempos de gloria con Culture Club.

Neil Andrew Megson, fundador@ de Throbbing Gristle y Psychic TV, bandas clave en el industrial electrónico y arte sonoro, salía a los escenarios con una imagen en la que gradualmente retaba los outfits estandarizados de acuerdo al imaginario genital. Neil se sometió a una cirugía de reasignación sexogenérica, hoy es Genesis P-Orridge y vive al lado de su siempre esposa (la conoció aún siendo hombre) y colaboradora Lady Jane. Son una pareja de lesbianas envidiablemente feliz. Hay un documental al respecto, The balad of Genesis and Lady Jane.

Para el sencillo “Laid”, los manchesterianos de James grabaron un genial video en el que sus integrantes, hombres todos, usan vestidos y delantales y unos hilarantes antifaces, rodeados de lavadoras, burros de planchar, licuadoras y demás electrodomésticos muy populares en el Día de las Madres. En el libro The North Will Rise Again:Manchester Music City 1976-1996 se menciona que justamente tanto la letra como el video de “Laid” pretendía hacer una burlona crítica a la lucha entre el deseo y los roles de género.

En México contamos con el orgulloso caso de Zemmoa, quien en su video “Te enterraré el tacón” lleva su identidad ladyboy al límite.

Recientemente, y tras padecer una terrorífica crisis, el vocalista de la banda de punk Against Me!, Thomas James Gabel, también se sometió a una cirugía de reasignación sexogenérica; hoy suelta gritos y guitarrazos con el nombre de Laura Jane Grace y lo más interesante es que su carrera dentro de la muy heteronormativa industria discográfica (igualita al certamen de Eurovisión) permanece intacta. El último álbum de Against Me! se llama Transgender Dysphoria Blues.

De todos ellos, la creatividad musical está por encima de los vestidos, las barbas y ese socorrido atentado de géneros y roles.

Acéptenlo: la devoción por Conchita Wurst tiene que ver con la materialización de la fantasía de ver la jotería asimilada y aplaudida dentro de un espectáculo masivo, invadida por reflectores y chispitas. No tengo nada contra el glamour (no deja de llamarme la atención cómo los gays celebran los logros ocurridos dentro de los eventos más comerciales). Pero de eso a ver en Concha la cúspide de una lucha social me parece un exceso. Y más aún otorgarle grados de originalidad. Seamos honestos: ¿qué sería de Conchita Wurst sin su barba? ¿Una vestida más imitando a Celine Dion acaso?

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