El nuevo orden

"El hombre nacido en Danzig"

Se nos van los años y las marchas y los "cafés de la sirena" creyendo que somos tan pero tan iguales, además de que nos aterra la sola idea de envejecer y acabar solos.

Se dice que Wittgenstein sólo leía literatura policiaca pues era en esas historias de sospechosos huidizos y detectives con más olfato que sentimientos, donde el ejercicio del pensamiento lógico se daba de una forma más pura y natural.

Me acordé del pasatiempo del filósofo austriaco cuando terminé de leer la confesión “Yo no sé obtener conclusiones de mis experiencias, y tropiezo a cada rato con la lógica y los argumentos” declarada apenas en la segunda página de El hombre nacido en Danzig, la nueva novela de Guillermo Fadanelli editada por Almadía. Lo entrañablemente contradictorio es que el confidente, ex basquetbolista entrado en años, condenado a la lógica y los argumentos y que ha contratado a un detective para que siga los pasos de su ex mujer, sostiene conversaciones, casi terapéuticas, con personajes como Schopenhauer o Magic Johnson, en el destierro y anarquía del interior de su cabeza.

Los celos son la tentación más práctica para volverse loco por voluntad propia. Y la locura de los celos gay suele llegar a los extremos punzocortantes de un barítono o una soprano.

¿Quién no ha sentido que la materia gris, aquella que aglutina las neuronas del sentido común y la cordura, se te salen por la nariz, en forma de mocos, cuando ves a un ex novio (o ex amante o ex cómplice de tríos o ex romance de saunas o ex citas de cuartos oscuros o cualquier pendejada que los gays confundimos con novio) derritiéndose en los brazos de otro bato que no eres tú?

Fadanelli tiene los huevos de hacer frente al desencanto, la otredad de las mujeres y la irremediable soledad a la que está condenado el hombre, y eso queda magistralmente demostrado en El hombre nacido en Danzig.

Los gays deberíamos aprender algo de eso. El sentido de la inconformidad masculina que es al mismo tiempo libertad; reírnos sin despegar los dientes de nosotros mismos, de nuestra terquedad de creernos cuentos de hadas cada vez más convencionales y arcaicos, obsesionados en dar con ese camino a la normalidad que nos está negada de aquí a la nueva era de hielo, así aprueben el matrimonio en Zitácuaro y alguna religión permita que puedas bautizar a tu hijo poniéndole como nombre alguna canción de Mónica Naranjo.

Se nos van los años y las marchas y los cafés de la sirena creyendo que somos pero tan iguales (por eso no resistimos a la tentación de ubicarnos dentro de esa república cada vez más marchita llamada “comunidad”), además que nos aterra la sola idea de envejecer y acabar solos.

El hombre nacido en Danzig se presenta hoy jueves 11 de septiembre a las 19:00 en El Laberinto: Sinaloa 170, esq. Cozumel, Col. Roma Norte, Ciudad de México.

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