El nuevo orden

Los gays indignados no escuchan a la Banda Limón

La verdad es que la chica del video ni estaba tan buena, pero como gay que soy quizás mi percepción no sea lo frondosamente objetiva para asegurar tal cosa, aunque si de algo sirve a bien de robustecer mi argumento, confieso que por segundos, y sólo por segundos, la complexión y pedantería de Ceci Ponce me hacen más o menos dudar, confusión que se diluye nomás pongo cualquier película en la que actúe Jesse O’ Toole y todo vuele a la normalidad.

Pero volvamos a la chica: me recordó a las edecanes de cerveza que pululan en el estadio Corona en Torreón, de ésas que se maquillan concentrándose en quedar artificialmente blancas más que guapas; a menudo el rostro les queda tan esponjoso como merengue de azúcar glass mientras el cuello mantiene su tono chocolate original.

Lo curioso del escándalo entre Andrea Vilash y los miembros de la Banda Limón, que al menos por lo que puede apreciarse en el video que aún rota por las redes sociales no parecían nortearse o cohibirse cada que la reportera de Paranoia TV desabotonaba una prenda por respuesta que contestaban los gruperos, es que quienes se indignaron ante el desnudo progresivo de la chica que ni estaba tan buena, pegaron el grito en el cielo, mediante la insistencia en los comentarios escritos debajo del video posteado, terminaron grafiteando la expresión “acoso sexual” en el subconsciente de la indignación progresista de muchos ciudadanos cool, no parecían ser seguidores de los creadores de enormes y desgarradoras rolas como “En los puritos huesos”, una de las que no puede faltar en my playlist.

La noticia es un tanto oxidada en términos de la velocidad con la que corre la información en estos días, pero lo traigo a cuento pues salió de pronto en una conversación que sostuve con unos conocidos gays a los que casi siempre topo en el Tom’s Leather Bar decidiendo que ya era hora de encontrarnos en circunstancias de menor penumbra y más iluminación. No sé si hice bien, porque fue entonces que uno de ellos lo dijo: “Pues qué se puede esperar de los gruperos y la gente que escucha esa música. Son unos salvajes”.

Es inevitable que la escena de una impulsiva Andrea Vilash fustigando con coqueta perfidia la rabiosa testosterona de los batos de la Banda Limón (poco les faltó para que les colgara su agitada lengua escurriendo baba) caiga en eso que solemos tildar de mal gusto, sobre todo para esa nueva generación que ha hecho de lo políticamente correcto una pose de convivencia. No obstante, muchos indignados con el acoso a la reportera (hoy despedida), como ese conocido gay que no es muy ilustrado que digamos (según él la Banda Limón es una gatada pero algo que se llama M15 es pop para niños bien) también cayeron en el mal gusto del menosprecio facilón y acartonado asegurando que el género grupero es para salvajes. Los derechos humanos como accesorio clasista.

@wencesbgay