El nuevo orden

Los derechos de la derecha, según Frasier

En el momento en que Juan Manuel Dabdoub Giacoman, presidente del Consejo Mexicano para la Familia, alzó la voz, acusándonos de corromper el lenguaje, la muchedumbre homosexual se sintió humillada en automático.

Por suerte no estábamos solos; Alexandra Hass, presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, Conapred, salió en nuestra defensa con un argumento tan sólido como los versos y los pectorales de 2Pac: “Aquí no estamos hablando de semántica, estamos hablando del derecho de amar y con quién hacer tu vida”.

Chale, pues para amarnos como que no necesitamos de un contrato que nos otorgue derechos, ni que imponga obligaciones con tendencia a preservar cierto orden moral para no alterar el panorama de las buenas conciencias.

Fueron varios los que me pidieron que tomara nota del “debate”. Si lo hago no es porque la discusión fuera interesante o aportara algo novedoso o polémico. Confieso que siempre que visito algún punto de la provincia mexicana me doy vuelo con uno de mis placeres culpables más cutres: quedarme pegadote al televisor viendo las revistas matutinas que transmite el canal local. Disfruto ponerle atención a los acentos locales, a los modismos que se repiten, entre los chismes del ex marido de Ninel Conde y la receta de unos tacos de sardina estilo gobernador. Hay algo de jamaicón en ese placer también; me recuerdan las mañanas laguneras.

No me malentiendan, no pretendo hacer un análisis concienzudo del supuesto debate que sucedió en ese chorizo mañanero llamado Hoy, donde el tema de la discordia fue el mentado matrimonio igualitario. Si le dedico estas líneas, es simplemente por la hilarante repetición en Youtube y darme cuenta de que Galilea Montijo, Andrea Legarreta, sus comadres, más bien patiños, y esa pareja de homosexuales, el actor Felipe Nájera y su espos,o el productor Jaime Morales, tratan de solidarizarse con la buena causa gay reclamando lugares comunes de amor tan sobados como las telenovelas de su televisora. Por ahí estaba ese sacerdote que siempre anda de metiche y que no tenía los huevos para maldecir la homosexualidad, pero reiteraba que el matrimonio sólo podía ser entre hombre y mujer.

Jaime Morales increpaba a Dabdoub Giacoman, asegurando que su objetivo era manipular a los televidentes desde la derecha, convencerlos que los homosexuales eran unos inestables ansiosos por casarse: “somos tan estables como cualquier hetero con formación y educación”, decía visiblemente alterado. ¿Por qué tipologías como la estabilidad es lo primero que se les viene a la cabeza cuando quieren defender los derechos homosexuales? ¿Dónde quedamos los gays que somos orgullosamente  inestables, promiscuos, adictos, intensos, tripolares, anormales?

Aquello parecía un homenaje involuntario al programa de radio de la KACL que conducía Frasier Crane, en donde la sobredosis de psiquiatría terminaba por evidenciar la verdadera naturaleza de los personajes, como cuando alguien acusa a los hombres de buscar sexo para satisfacer sus intereses, a lo que Frasier responde: “¿Cómo vamoslos hombres a usar el sexo para conseguir lo que queremos, si lo que queremos es sexo?”. Que pinche risa.

Querer conquistar derechos haciéndonos pasar casi por santos parece más una defensa para tener acceso al conservadurismo que practica gente como Dabdoub Giacoman, que para nuestra propia homosexualidad.

La indignación gay se apoderó de todo foro digital que se encontrara a su paso, pues según los cálculos del activismo arcoíris, contabilizando comentarios, don Daboub era el vencedor de la gresca del show matutino. No estaban tan perdidos; muchas señoras aplaudieron las palabras del presidente del Consejo Mexicano para la Familia y para muchos la homofobia había ganado terreno.

Por favor, a quién le importa lo que piensen de nosotros una muchedumbre de ñoras cuya virtud es tener un alto sentido del olfato para distinguir si el olor del suavizante es de durazno o melocotón o si se trata de un bosque de pino y no de angiospermas. A menos, claro, que en el fondo queramos reinventar la homosexualidad poniéndonos un mandil de cuadritos.

Eran prácticamente 8 personas a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y ni en bola pudieron convencer a Juan Manuel Dabdoub Giacoman de que el matrimonio igualitario no era una aberración y la explicación me parece sencilla: el presidente del Consejo Mexicano para la Familia está convencido de su conservadurismo que, por efecto del peso de la coherencia, incluye su dosis de homofobia, mientras que los gays están cada vez más obsesionados buscando la aprobación de los bugas, incluso los más conservadores. Para mí, no hay peor derrota que desenfocarse de sí mismo.

Twitter: @wencesbgay

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