El nuevo orden

El curioso incidente del actor a medio clóset

No se manifiesta una salida del clóset "oficial", Méndez hábilmente conduce sus respuestas como si desde el inicio de la carrera su homosexualidad fuera frontal.

“You call yourself the Moral Majority

We call ourselves the people in the real world…”

“Moral Majority”, Dead Kennedys

En una comunidad que ha echado gargajos de sangre, ronca de tanto gritar que merecen derechos que los igualen ante esa constitución que asume que los individuos son primero bugas y luego ciudadanos, noticias como las de Luis Gerardo Méndez deberían pasar de largo. Nada más equitativo y popular que el rasero de la intrascendencia. Camuflajearnos con el cajero de un banco de insípido gusto para las corbatas, o un vendedor de seguros para aspiradoras láser que siempre compra el mismo modelo de choclos en la misma zapatería en la que suele coquetear con la empleada, fantaseando que ella sería mejor esposa y madre que aquella que en ese mismo instante le dobla los calcetines, debería ser nuestra aspiración existencial, total, en los últimos años hemos pasado el tiempo peleando por firmar actas de matrimonio, pagar colegiaturas, perseguir ofertas de pañales, endeudarnos con el crédito para un departamento.

Las actitudes afeminadas o la urgencia de estar bien mamado, que nos reconozcan por un supuesto buen gusto (idea cada vez más al borde de la leyenda urbana por cada homosexual que no escuche al menos una vez a la semana a Roxy Music o Bryan Ferry o Suede o Jeff Mcllwain a.k.a. Lusine), la obsesión de ver homofobia hasta en una caja de cerillos, las marchas del orgullo atiborradas de colores y música atronadora, son prueba de que no estamos dispuestos a dejarnos llevar por la rutina que atrapa a buena parte de los bugas. Aunque formados en alguna ventanilla del ISSSTE para firmar por triplicado tres docenas de papeles, necesarios con tal de asegurar a nuestra pareja, en el fondo los gays no queremos ser unos baladíes. Pero aceptarlo sería retar la moral como herramienta de convivencia social con la que fuimos educados. Y no todos están dispuestos a ser señalados.

Lo del actor Luis Gerardo Méndez acaparando la portada de la revista Moi es interesante pues revela el estado del actual acomodo de la visibilidad homosexual en México. Leyendo con atención la entrevista y contrario de lo que muchos entusiastas gays creen haber descubierto, en todo el texto no se manifiesta una salida del clóset oficial, Méndez hábilmente conduce sus respuestas como si desde el inicio de la carrera su homosexualidad fuera frontal; no obstante añade: “Si el acuerdo es que puedes acostarte con quien quieras, no hay problemas, pero si no, no está padre. A muchos les fui infiel, me costaba mucho trabajo. Pero me reivindiqué”. Muy respetable que cada quién tenga derecho a perfeccionar sus arrepentimientos pero ¿por qué hablar de infidelidades y amantes en pronombres átonos masculinos, seguido de reconcomios y redenciones, en una revista dirigida mayoritariamente a un público femenino? ¿Cuántas lectoras habrán leído la reivindicación de Luis Gerardo Méndez mientras doblaban calcetines? ¿Por qué esa necedad de justificarnos con sobre explicaciones y disculpas? Como si el vendedor de seguros para aspiradoras láser estuviera muy preocupado de lo que piensan de él los putos que le vieron coquetear con la empleada de la zapatería, sabiendo que es casado.

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