El nuevo orden

Por cobardía…


Si adoptara un bebé, nena o varón, por las noches lo arrullaría con el álbum de Sly & Robbie Meet Bunny Lee, At dub station, en versión acetato sonando no muy lejos de la cuna, poniendo la aguja una y otra vez sobre el surco de la canción "African Dub Child (part 1)" a la que le sigue un viajesote de cuatro minutos titulado "Nones hall escape the house of dub" con su rasgueo de cuerdas, ecos envolventes que desdoblan la mente y esa batería aguda en reverb que te hunde en un idílico fango sonoro capaz de bajarte la presión y dejarte tan sólo con tus recuerdos más placenteros en remix. Para mí no hay mejor forma de arrullarte que con un buen dub endémico de Jamaica, a volumen tibio con la línea de bajos por delante. Lee Perry decía que el dub es "el latido del corazón en un espacio donde sólo caben los pensamientos". No sé, mi hipótesis es que de hacer esto, el bebé desarrollaría la inercia de suplir las pataleadas típicas del berrinche por el impulso de ir a la tornamesa.

De vez en cuando le pondría baladas de los 10000 Maniacs (incluyendo a Natalie Merchant como solista) o de Billy Bragg para que fuera creciendo con auténticas postales de eso que llaman conciencia social, pero sin poses ni incoherencias muy de los hipsters.

Para mí no hay experimento humano más categórico que el de ser padres. Ciorán confesaba en El inconveniente de haber nacido que al menos se sentía tranquilo que de todos los crímenes no cometió el de ser padre. Cierto que no hay un instructivo que garantice un desarrollo ejemplar para llegar a la edad adulta con los menos traumas posibles. Casi todos nos educamos con base en las pruebas y errores de nuestros jefes. Pero de algo estoy seguro: la manipulación musical de los padres a sus hijos ayuda en mucho a moldear una personalidad que por lo menos no se conforme con la visión del mundo más facilona, que a su vez suele ser hervidero de prejuicios.

La cobardía musical de algunos gays está más bien alienada al conservadurismo buga promedio, por mucho que los primeros se autoengañen creyéndose liberales. Basta con ver los playlists de ambos bandos para sorprenderse: son muchas las coincidencias del pop sin complicaciones. Al menos yo sí encuentro una constante relación entre los gustos por Offer Nissim o el rancio reencuentro de las Jeans, y ese impulso de perpetuar clichés que detonan crudas discriminaciones entre nosotros. ¿La idea es formar una nueva generación que perpetúe la obsesión con la gente bien, los músculos, las ofertas, los buenos partidos y el odio a lo naco? Basta ver la ráfaga de comentarios clasistas que surgieron cuando el Marrakech se llevó la corona como el mejor antro gay según una encuesta de Time Out México, ¿cómo contarán estas historias a sus retoños? ¿Surgirán generaciones de hijos de gays-gente-bien y aquellos cuyos padres que echaban romance en el Marra?

Me pregunto: todos esos gays que confrontan a los bugas inconformes con la decisión de la SCJN de determinar ilegal la prohibición de adopción de hijo a parejas del mismo sexo, manifestándose en la calle, ¿qué música le pondrían a sus chamacos adoptados?

Twitter: @wencesbgay
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