El nuevo orden

Una ciudad de vanguardia sin saunas gays

La presión proviene de los vecinos que habitan las inmediaciones del Sodome y no quieren que invadamos la colonia Anzures con un espacio dónde divertirnos.

Cierto: a veces lo que impera al interior del Sodome es un guiñol soft porn cuyo reparto son los batos mamados (a veces sólo les basta tener levemente marcados los pectorales para autopercibirse como atléticos o muscular, según una estadística del Manhunt) que sólo se pasean del vapor al laberinto oscuro y rara vez dejan asomar algo por la abertura de la toalla atada a la cintura, mucho menos permiten una caricia al dedo meñique. Pero tampoco es que la procesión de Adonis Hecho-en-México suceda todas las noches y no puede culparse al Sodome, creo yo, del deporte nacional de rechazar con una soberbia de cacique, como en los viejos tiempos en que las castas hacían de parámetro sociológico. Es curioso porque de las veces que he visitado este lugar, son los extranjeros con quienes suelo armar desmadres de antología pornográfica. Cosa que no acababa de entender. Para qué ocultarlo, mi cintura talla 33 no escapa al acomplejamiento gay. Luego me di cuenta que los extranjeros (con sus excepciones desde luego) no traen insertado el microchip del acostón perfecto. Perfecto según la Real Academia de Carla Estrada, Juan Osorio o Ricky Martin.

Saunas gays, también conocidos como “vapores”, hay muchos en el DF. Viejos y coquetos edificios que fueron adoptados por la comunidad gay con el paso del tiempo. Pero el Sodome es el primero que surgió como tal y sus empresarios apostaron por la frontalidad: es un sauna sin eufemismos, bien decorado e iluminado, funcional, seguro, limpio.

El Sodome está nuevamente clausurado. Los sellos con sus morbosas letras rojas fueron adheridos en la puerta de entrada el pasado fin de semana. Sus dueños me cuentan que el equipo de la Delegación Miguel Hidalgo a la que se encuentran adscritos sólo cumple con su trabajo. Después de todo hay un vacío legal toda vez que en el DF no existe una categoría que regule específicamente los saunas o los lugares de encuentros sexuales para homosexuales, como sí sucede en otras partes del mundo.

En seis años de existencia, el Sodome nunca había sufrido contratiempos. Hasta que en enero de 2013 sufrió un aparatoso asalto. Se supo entonces que el movido local de Mariano Escobedo era un sauna sólo para hombres homosexuales que no entraban a tomar clases de macramé y repujado precisamente. Nuestra seguridad les importa muy poco. Al parecer la presión proviene de los vecinos que habitan las inmediaciones del Sodome y no quieren que invadamos la colonia Anzures con un espacio dónde divertirnos bajo las ventajas de nuestra naturaleza.

Así la tendencia social en esta capital considerada de vanguardia donde el matrimonio entre personas del mismo sexo está legalizado y muchos de sus habitantes se consideran liberales y gay friendlys. Como bien dice mi amigo Gabriel Gutiérrez García: “El DF quiere que nos casemos, pero que no cojamos”.

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