El nuevo orden

De "bufes", venganzas y joterías peores

Desconfío de los gays que no dudan ni una milésima de segundo en describirse como pacifistas. Más cuando la respuesta es una asociación inmediata a un supuesto, remoto escenario de inminente homofobia, en la que no hay aliento para lo políticamente correcto y el pellejo está en juego.

Hipócritas de cuello rosa. Porque no es que desechen la violencia. Conozco a algunos que sí lo logran y tan capaces son, que incluso me contagian su aplomo y terminamos meándonos de la risa. Pero son poquísimos. Y nada hocicones.

Los demás, una mayoría considerable, retiene su violencia jota, pero como los chingadazos son una cosa de salvajes y la ira aumenta en la olla exprés de las pasiones gays, optan por otras tácticas en las que no habrá un solo rasguño, pero como en el jab, hay un objetivo: propinar un golpe, lastimar, defenderse, desquitarse, acaso vengarse.

Ahí está el tan recurrente bufe, que bien podría ser la respuesta gay al albur, un juego de ataques, sarcasmos y burlas; sin duda es ingenioso, juguetón y muy divertido. Me fascina el bufe. Es un buen ejercicio que entrena a la piel delgada para burlarse de uno mismo, pero eso no lo salva de una ¿inconsciente? diana final: invalidar a la comadre criticada en cuestión.Además, algunos se arden en chinga y entonces empiezan a acusarte de hipermasculino y heteropatriarcal y prepucio ponderante o qué sé yo.

Un bato que bufa con empoderada soltura me ha dicho que el bufe es algo más exquisito y articulado que el albur buga o que mi rupestre sentido del humor, por el simple hecho de que se bufa en femenino y eso deconstruye el género, y si algo nos enseñó Nuria Bages es que “entre nosotras podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”. Sí cómo no. Posonas. Se meten cualquier chocomilk de Herbalife que prometa pectorales y nalgas como las del Latin Lover, pero se hacen en los calzones tan sólo de imaginarse en medio de un tirito. Me provocarían menos agruras si al menos tuvieran los huevos de admitir que simplemente les da miedo encarar cualquier situación de violencia, total, es un instinto natural y comprensible. No les basta con evadirse y adulterar su cobardía como si estuvieran viendo Cuatro Lunas en un retiro espiritual, pacifismo soez y mamón, además echan mano de una petulancia, según ellos ilustrada, para tachar de salvajes a todo aquel que cierra el puño. Si pudieran, se dejarían calvas.

Ahí está el tragicómico caso de Polo Morín y Lambda García, actores de nuestra beata farándula mexicana, cuya relación homosexual salió del clóset por un supuesto hackeo. Días después, corrió el rumor que en realidad Morín cobró venganza al enterarse de una que otra infidelidadilla por parte de García, quien según algunas revistas de chismes no lo negó, incluso Lambda apeló a los clásicos: “No eres tú soy yo… hay que darnos un tiempo”, y el Polo en vez de reventarle la nariz lo desclosetó contra su voluntad, supongo. No es un caso aislado. Hubo una época en la que muchos se vengaban quemando a los ex en las páginas de encuentro, como el Manhunt.

Será que soy un maldito salvaje, como dicen las bufadoras pacifistas. Pero joto, con los desórdenes sensibleros que eso implica. Hace ya casi una década le destrocé la nariz con mi cráneo a un bato, cuando lo vi con el abogado por el que me dejó: “¡Dile a tu pinche noviecito que te defienda!”, le grité. Qué pinche drama. No me enorgullezco. Pero me queda cierta tranquilidad de haber sucumbido a mi descompostura con la mirada al frente, y de algún modo fui yo el que hizo el ridículo, pero nunca se me ocurrió propagar algún rumor que lo sometiera a un escándalo.

Años después de romperle el tabique me buscó y nos vimos, y tomamos café y vodkas de saborcitos, porque después de todo seguía siendo el mismo cobarde para tomar bourbon, y no supe más de él.

No soy de los que consideran el clóset un derecho, pero de ser verídicos los chismes sobre la venganza de Morin, me parecería un arrebato más desleal que un golpe por la espalda y doloroso que un volado tirado al tímpano, pues ni siquiera es una bronca entre dos, sino un linchamiento burdo, como bajarle los pantalones a un cabrón en el Zócalo para humillarlo.


@wencesbgay

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