El nuevo orden

El amor gana; Galo pierde

Por alguna oscura razón o consecuencia de un cromosoma averiado, las Jeans se han convertido en iconos de la cultura gay capitalina.

La raza parecía tan concentrada en celebrar dos cosas: la aprobación del matrimonio gay dictaminada en los Estados Unidos y el regreso de las Jeans sin la presencia de Paty Sirvent, hoy esposa de un panista, que el show de Galo Santo les pareció fuerte, grotesco y hasta ofensivo. Galo Santo es un cantante abiertamente gay con un proyecto llamado GodsavetheQueer. Menciona como sus influencias a los Sex Pistols, Thecramps, GG Allin, Thedoors, Prince y los primeros años de la estética Almodovariana: “Se suponía que antes de las Jeans, mi concierto-performance consistiría en golpearme con otro chavo, pero la gente se espantó, al parecer fue considerado violento y eso que no vieron el resto que tenía planeado: iba a mear el escenario, un show de golden shower, pero no alcancé a hacerlo, la gente esperaba ver un espectáculo diferente, supongo. Hubo confusión y empezaron a bajar la música. Canté a capela el pedazo de una rola. En la canción siguiente volvieron a soltar el audio y retomé el show, pero a menos de la mitad de la rola volvieron a cortar el audio. Y bueno, entre los chiflidos de las personas y gritos, al parecer una persona se saltó las vallas de protección y cayó. Yo le menté la madre a todo el público que me abucheaba. Quería escupirle al ingeniero de audio, pero mi guitarrista lo impidió” cuenta Galo Santo.

“El amor gana” era la frase escrita que podía leerse una y otra vez como en efecto dominó sobre las cartulinas que saltaban por arriba de las cabecitas cuyos cuerpos apenas si podían controlar la vejiga durante los shows programados al final del recorrido de la 37ª Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México. Se orinaban encima de los pantalones por la ansiedad que les provocaba saber estaban a minutos de presenciar el reencuentro de las Jeans. Por alguna oscura razón o consecuencia de un cromosoma averiado, las Jeans se han convertido en iconos de la cultura gay capitalina. Sigo sin comprender cuál es la relación de su repertorio con la cotidianeidad gay; las letras de Jeans parecen extraídas del diario de una adolescente pendeja con frenos en los dientes, promedio de 7 y un estante repleto de su colección de muñecos Nenucos junto a pósters de la boy band del momento.

Sí, pero el punk o cualquier propuesta fuera del acartonamiento joto, el más inofensivo y bobalicón, pierde. No es que estén obligados de disfrutar de un concierto de Galo Santo, pero el coro de intolerancia de cientos de miles de personas que recién habían marchado precisamente para manifestar su rechazo a ese hábito buga, el azote de los gays, lesbianas y todas la diversidad trans me resulta sintomático del momento que vivimos.

JG Ballard ya lo veía venir: “El futuro será un enorme y resignado suburbio del alma” y los gays chilangos más todos esos que unieron sus gargantas al abucheo de Galo Santo han puesto la primera piedra de ese suburbio atiborrado de pañales. La celebración homosexual del nuevo milenio.

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