El nuevo orden

"Vih Love"

Cierto que el VIH ya no es la peste que acabó con Ricky Wilson. Pero sigue siendo una enfermedad estigmatizada a pesar de lo tratable que es hoy en día.

Conocí a este bato en los amarillentos pasillos de un hospital que siempre huelen a desinfectante picoso. Por el área en la que coincidimos supongo también esperaba a que un aparato atravesara sus capas de piel con algún láser para ver qué andaba mal en las carreteras de venas y tripas y huesos y pulmones. Yo aguardaba por una radiografía simple de tórax que develara por qué carajos y en cuestión de horas me cargaba una hipoxemia de 70%. No me percaté del bato hasta que deslizó la yema de su dedo índice sobre mi antebrazo derecho, yo estaba mareado escuchando el Songs in A & E de Spiritualized, según he leído, es un álbum cuyas canciones compuso Jason Pierce mientras estuvo internado a causa de una neumonía, cosa que yo juraba padecía antes de la radiografía. “Está pocamadre tu tatuaje”, me dijo refiriéndose a la ilustración de Tom of Finland que tengo a blanco y negro. Medio le sonreí aunque en realidad quería mentarle la madre. Por cómo llevaba acomodada la gorra de beisbol me recordó a Cazwell, el rapero gay. Le dije que me sentía fatal. “Pues no te ves mal”, dijo.

Un par de horas más tarde ya respiraba bien gracias a antibióticos y un par de disparos de salbutamol. Volví a encontrarme al tipo que vestía como Cazwell mientras compraba café. Me presentó a su novio que lo estuvo esperando todo el tiempo, un hombre con una barba irreparablemente hipster y las sienes rasuradas. Intercambiamos profesiones y por alguna razón sintieron la necesidad de contarme su historia: llevaban poco más de dos años como pareja y se conocieron esperando turno y resultados de vih. El novio cuenta que casi abrieron los sobres al mismo tiempo, uno frente al otro, se le acercó preguntándole ¿y bien? Positivo. Qué sorpresa, yo también. Atravesaron la calle, tomaron café y esa misma noche se metieron a la cama. En menos de tres meses ya vivían juntos.

Tienen planes a largo plazo. A veces fantasean con el matrimonio y hacer una fiesta con un pastel de tres pisos. Se ve que les gusta la fiesta y no se pierden los conciertos de Avicii. Carajo. Todo iba muy bien.

Su historia me envolvió por su fresca y severa honestidad. Cierto que el vih ya no es la peste que acabó con Ricky Wilson, el guitarrista fundador de los enormes B-52’s allá en 1985. Pero sigue siendo una enfermedad estigmatizada a pesar de lo tratable que es hoy en día. Tengo tías con diabetes crónicas que comen quesadillas de chicharrón con refrescos y no hacen ejercicio y sus visitas a la sala de urgencias son constantes. A cambio reciben palmaditas y visitas de los nietos. Supe que los familiares de uno de ellos no aprueban su relación y los ven como sidosos irresponsables portadores de la peor enfermedad del mundo.

Su historia también es una muestra que los homosexuales somos una realidad mucho más compleja que un discurso de matrimonios igualitarios o derechos que apelan a la igualdad como si nada.

El tipo con la gorra a lo Cazwell me preguntó qué escuchaba antes de la radiografía. Fatuo, le conté la historia del álbum de Spiritualized: “Nunca he entendido a los tipos como tú, que les gusta exagerar las cosas con rolas azotadas, te digo, no te veías tan mal”.

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