El nuevo orden

Tren al sur y el fallecimiento de la Lemebel

Soda Stereo me llevó a Los Prisioneros y poco a poco Sudamérica fue cobrando su geografía correcta. Creo estuve tarareando “Tren al sur” por más de un año.

Por algún tiempo, Chile me dio la impresión de estar más lejos que Siberia.

Mientras mi padre me llevaba a la escuela en aquella camioneta verde aceituna que a mitad de los ochenta ya lucía retro, me preguntaba capitales y sus respectivos presidentes de aquel entonces. Tenía una ñoña obsesión de que a los ocho años almacenara esos datos. Cuando le respondía “Santiago”, se le iba la mirada más allá de las últimas gradas del estadio Revolución (en ese tiempo hogar de los Algodoneros del Unión Laguna, equipo de beisbol) y empezaba a contarme puras historias de terror relacionadas con militantes malnacidos y cantantes de trova entregados al pueblo, luego ponía una cinta: “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada” cantaba Pablo Milanés.

Un día me topé con el video de “Cuando pase el temblor” de Soda Stereo. Supe que eran de Argentina. Soda Stereo me llevó a Los Prisioneros y poco a poco Sudamérica fue cobrando su geografía correcta. Creo estuve tarareando “Tren al sur” por más de un año. Como pude, investigué su historia, el lanzamiento del primer álbum, La voz de los 80s, en plena dictadura militar. Entonces comprendí la magnitud de la represión que padeció el pueblo chileno de la que tanto hablaba mi padre. En lo personal, creo más en el desafío de Los Prisioneros que al Milanés ese, que seguramente no se bañaba con agua fría todos los días. No creo que su sobrepeso se deba a una dieta de moros con cristianos.

Tanto punk y house y bigbeat y grunge hicieron que llegara a Pedro Lemebel un tanto tarde. Se lo debo a una recomendación de Carlos Velázquez con la que siempre estaré agradecido. En quince días me aventé Háblame deamores, Loco afánTengo miedo torero. Quedé fascinado con su historia, su paso por el grupo Las Yeguas del Apocalipsis, cuyos performances desafiaban el régimen militar de Pinochet. Gracias a Lemebel me di cuenta que en las anécdotas de mi padre había más sufrimiento encumbrado y romántico que realidad ojete. Me da la impresión que Las Yeguas… fueron seminales para el surgimiento de bandas de punk/hardcore chileno como los Supersordos. Esa prosa desinhibida de la Lemebel, sin ningún miedo al deseo homosexual, bordada sobre una mariconería hasta la madre de barroca, como un vestido colmado de encaje y lentejuela, puso en aprietos mi adoración por la hipermasculinidad, aunque sigue intacta. Me convenció su orgullo latinoamericano sin llevarlo al apapacho del fetiche antropológico, su postura desafiante ante lo políticamente correcto y el rumbo de confort burgués que ya tomaba la cultura gay entrando los noventa: “Soy pobre, maricón, indio y malvestido” decía Pedro.

La Lemebel falleció el pasado 23 de enero a causa de un cáncer en la laringe. Me hubiera gustado dar con la Pedro tan sólo antes. Me propuse entrevistarlo, pero el punk y el house y el bigbeat y el grunge se volvieron a interponer en mi anhelo.

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