El nuevo orden

“Teenage riot”

Que se limpie la sangre, dé media vuelta, cierre el puño y lo estrelle en la nariz del compañero que lo hizo tropezar e inmediatamente después, continuar su pasarela.

Looking for a man with a focus and a temper…

Teenage riot in a public station

Gonna fight and tear it up in a hypernation, for you.

“Teenage riot”, Sonic Youth

He sido invitado a ser parte de una charla cuyo tema es complicado y un tanto amenazador, al menos para mí: homosexualidad y adolescentes.

La idea es abordar posibles técnicas o estrategias de apoyo para esa población de jóvenes cuyas hormonas están hundidas en una procesadora de alimentos, y que de algún modo se sienten mortificados pues sus mariposas en el estómago son el efecto de una atracción por alguien del mismo sexo; atracción que les puede costar un coscorrón, un ojo morado, una metida de pata mientras caminan al laboratorio de química para que caigan y la pandilla se doble de risa al ver las encías sangrando sobre el cemento. La secundaria es una jungla tan cachonda como cruel.

Es un mito convenenciero y paternalista eso de la cobardía del adolescente amanerado. Basta devorarse libros como Disco Bloodbath: A Fabulous but True Tale of Murder in Clubland en el que James St. James narra la historia de lo que fue el Club Kidz, provocador ateneo al que acudían varones por debajo de los 18 años para despilfarrar su adolescencia travistiéndose con afeminada rabia, al mismo tiempo que se parten la madre en el underground neoyorquino, ya sea para defender a los amantes en turno o su propia identidad. Electrizante libro basado en hechos reales.

Cierto amigo trataba de convencerme que la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo funcionaba como gran herramienta contra el hostigamiento hacia los adolescentes que pudieran asumirse como gays, fortalecer su autoestima. Nunca estuve de acuerdo. ¿Soñar con el día de tu boda como método contra la homofobia juvenil? Ya puedo imaginar a los adolescente gays replicando el patrón de muchas quinceañeras que para huir de los entornos de violencia familiar, se hacen de novios, sin planearlo quedan embarazan reduciendo su vida una maraña de roles.  

Por suerte, faltan varias semanas para que suceda dicho evento. No tengo clara la narrativa de mi discurso.

Lo primero que se me ocurriría decirle a ese adolescente aparentemente homosexual tirado en el suelo es motivarlo a ponerse de pie, que se limpie la sangre de las encías, dé media vuelta, cierre el puño y lo estrelle en la nariz del compañero que lo hizo tropezar e inmediatamente después, animarlo a continuar su pasarela, pero manteniéndola intacta, afeminada, rumbo al laboratorio de química. ¿Por qué nuestros adolescentes, afeminados o no, tendrían que aprender que una posible tendencia homosexual equivale a desventaja física, si todos los chicos de todas las secundarias tienen un pedazo de carne colgando entre las piernas experimentando sus primeras erecciones ante estímulos bugas o gays?

De momento, lo único que se me ocurre es empezar la participación con una sentencia: antes que otra cosa, los adolescentes tendrían que estar escuchando a Sonic Youth.

http://twitter.com/wencesbgay