El nuevo orden

"Savage gays for Paola"

“But somethings will never change.

Try to show another way, but they stayin’ in the dope game”

2Pac

 

Dice Jeff Chang en su libro Generación hip hop que las pandillas “representaban la vanguardia de la decadencia… la otra cara de la revolución, la excepción de la regla”.

En la violencia de las pandillas del Bronx de los setenta se germinó el impulso de invocar el caos cuando un negro era asesinado en circunstancias de desventaja racial. Los Savage Skulls fue probablemente la pandilla más hija de puta de Nueva York, después de los Black Spades. Imponían pavor y golpizas a su paso. La membresía tenía un costo: un disparo en la ruleta rusa. Cuando se propaga la noticia de un afroamericano asesinado por policías blancos, y si además éstos quedan en libertad, los negros salen a las calles a maltratar mobiliario urbano y quemar coches como un colérico último recurso de exteriorizar la impotencia que despierta sentirse desplazado de una justicia supuestamente incluyente.

La historia de la visibilidad gay y su lucha por ser parte de un sistema de justicia social fuera del clóset, no es más pacífica que la violencia de las pandillas del Bronx, que bien o mal sirvieron para llamar la atención de los políticos gringos. Los disturbios de Stonewall, el punto de partida de las Marchas del Orgullo, fueron chingadazos donde poco importaron las construcciones sociales. Hombres, lesbianas y hombres en tacones enfrentaron a la policía hartos del acoso y la humillación.

Las otras caras, los lados b de las sociedades, suelen echar mano de los excesos para visibilizarse y exigir derechos, sin negociar uno solo de esos rasgos que en conjunto equivale a minoría. La violencia es uno de ellos.

A veces pienso que el desbordado y ciego apoyo de los homosexuales al matrimonio igualitario en México y su histérica batalla con la Iglesia Católica tan sólo es un hipócrita disfraz que encubre la vergüenza de saberse parte del lado b. Detrás de las plegarias que repiten palabras como derechos, igualdad o discriminación, habita un hombre ansioso por encajar en una mayoría que excluye con soltura laica.

Sólo así puedo explicarme el silencio de muchos activistas que fueron parte de la contramarcha, exigiendo a la Iglesia no meterse en asuntos del Estado, pero no metieron sus narices en el caso de Paola, la prostituta trans asesinada en la Ciudad de México, en los rumbos de Insurgentes Norte, por un ex militar que le disparó al descubrir que no era mujer biológica. Su amiga grabó con un celular los tétricos momentos después de escuchar a Paola gritar su nombre, en busca de auxilio, después de las detonaciones. En el video de Kenya pueden verse los cristales del auto triturados y al presunto asesino dentro. El ex militar quedó en libertad por falta de pruebas. Kenya emprendió una cooperación para pagar los gastos funerarios. Llevó el féretro al lugar de los hechos, a mitad del día, en protesta por el actuar de las autoridades de esta ciudad gay friendly.

Y antes de denunciarme por contradecir mi hipermasculinidad: que no me excite el imaginario femenino en mi autoexilio a la república de mis sábanas, no me deja inhabilitado para señalar la injusticia y la discrecionalidad del activismo gay nacional. Pero siéntase libres de juzgarme según la hinchazón de sus huevos. Regreso al punto: Paola era uno de nosotros. Los no bugas.

¿Qué hacemos cuando asesinan a uno de los nuestros? ¿Echamos un vistazo a las raíces de la visibilidad gay o nos escudamos en la rabieta plañidera contra los gritos de puto en los estadios de fut? Pacifismo, le dicen.

Uno de los presidentes más emblemáticos de los Savage Skulls fue el puertorriqueño Felipe Blackie Mercado, quien alguna vez declaró: “¿Te diste cuenta de que el uno por ciento de la población no encaja con el resto ni se preocupa por hacerlo? Nosotros vivíamos a nuestra manera… Antes, en Inglaterra, todas las familias tenían su escudo de armas familiar. No queremos tener nada que ver con la sociedad. Esto es lo que somos. Si me respetas te respeto. Así de simple”.

¿Qué somos, como nos definimos los homosexuales y cómo exigimos respeto? ¿Viviendo a nuestra manera o preocupándonos por encajar?

Twitter: @wencesbgay

stereowences@hotmail.com