El nuevo orden

'Rave on': los tipos duros bailamos con Happy Mondays

Poco antes que salieran los Happy Mondays durante el sábado del Vive Latino 2015, mi celular recibió un mazo de mensajes de texto. Conocidos que me preguntaban si ya había llegado al recinto donde estaría Offer Nissim, el DJ ese. Sólo me molesté en contestar a los dígitos cuyos propietarios tienen más de 37 años: “¡Claro que no! En unos minutos saldrán los Happy Mondays, ¡Con todo y Bez! ¡Y sus maracas! ¡Será como toda una rave a lo Madchester!”. La única respuesta que recibí fue un renglón con puros signos de interrogación.

Mi gran amiga Karen Sáenz es quien mejor ha descrito a los Happy Mondays: “La banda que puso a los hooligans a bailar”.

Prácticamente los escucho desde que la MTV rotaba el video de “Step On”, su imponente éxito. Pero me enganché con la banda de Shaun Ryder mientras leía Las pesadillas del Marabú de Irvine Welsh, sobre las desventuras de Roy Strang, personaje de orejas prominentes que nace y crece en el seno de una familia disfuncional, excéntrica y violenta, de niño sufre los apestosos abusos sexuales perpetrados por su tío; en la adolescencia, Roy descubre en la violencia aparentemente baldía de los casuals, como se le conoce a los jóvenes ingleses que van a los partidos de futbol sólo y sólo a partirse la madre con desconocidos, un medio donde evadir sus traumas. En algún momento del libro, Roy se refugia en Manchester y su escena musical plagada de funk, acid house y éxtasis. Los fines de semana se la vive al interior del mítico club The Hacienda y así descubre a los Happy Mondays. En el reventón químico encuentra la salvación y paz que tanto ansía. Devastador libro sobre el ímpetu de los hooligans y la violencia hacia las mujeres.

En efecto, bailar a los Mondays tiene el mismo ritmo que cuando saltas en las gradas, aventando porras a tu equipo de futbol. Me encantan por su grumoso beat dopado de testosterona barriobajera y cerveza.

De hecho, los Happy Mondays son en gran parte responsables de la lógica del rave occidental al interior de bodegas. Las fiestas tipo Offer Nissim no sucederían en su masividad sin la aportación de excesos de los Happy Mondays.

“Pero eso de los Happy Mondays, el Vive Latino y así, ¿no es muy gay, cierto?” insistían.

Dejando mis fascismos musicales a un lado y de los cuales no reniego, me di cuenta que hoy día, buena parte de los gays no están muy dispuestos a interactuar con aquello que no bufe estereotipos homosexuales, como las fiestas circuit donde ponen música DJ como Offer Nissim. Está bien. El libre albedrío gay debe utilizarse para que no se oxide. Simplemente me llama la atención que muchos de los gays que no se sienten cómodos con algunas opciones de índole buga son los que demandan trato igualitario, inclusión, aunque no estamos muy dispuestos a dejar nuestras madrigueras. ¿Acaso la igualdad no requeriría del esfuerzo de ver mas allá de nuestra narices rosas? La convivencia es un buen puerto para entender las diferencias.

“De Nissim nos lanzamos a la orgía, ¿ahí si te vemos, verdad?”, insistían.   

Twitter: @wencesbgay
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