El nuevo orden

Partisano

Como en toda buena dictadura, las acusaciones son lanzadas sin filtros de diálogo, cuestionamiento o posibilidad de interpretaciones, "con eso no se juega".

Un fajo de billetes manchados con arcoíris llueve sobre el rostro del presidente de la SCJN de México mientras proclama ilegal la prohibición de adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo. Lo más tragicómico del video es que el bato gritando “¡Ministro vendido! ¿Cuánto te pagó la dictadura gay?” no es precisamente la encarnación de la virilidad. Tiene un sonsonete como de señora con laringitis cachando al marido echándose unos París-de-noche con la otra.

Lo olvidé. Mi analogía anterior puede interpretarse como una metáfora que minimiza el decoro tanto de señoras como amantes, o bien puede ser una apología de la misoginia. Hoy día se debe tener cuidado con las bromas lanzadas. Cualquier arranque de ironía es susceptible de reforzar los estereotipos que tanto nos han jodido, sin mencionar que atizan el odio de género, homofobia o transfobia. La policía de lo políticamente correcto está ahí para recordárnoslo, acusarnos, lincharnos y levantarnos actas ante la institución adecuada para que aprendamos la lección y no nos andemos con chingaderas que chingan.

Confieso que no termino de entender la moraleja de la Gestapo Rosa después de sus sermones contra la homofobia: ¿el humor tiene un límite? ¿Reírnos de nosotros mismos para luego mofarnos de otros es un conductor del odio? ¿Mejor ni entrarle, no discutimos y permanecemos callados con tal de no ser blanco del bullying activista? “A través de la discusión es posible encontrar soluciones a los problemas típicos de aquellas situaciones en donde predomina una guerra de posiciones dice Laura Baca Olamendi en el libro Léxico de la política ¿Sólo nos burlamos dentro del gueto, dónde los mameys menosprecian al naco con la misma rabia que el bato increpando al presidente de la SCJN y las vestidas resaltan los defectos de los parroquianos entre uno y otro lip sync?

Como en toda buena dictadura, las acusaciones son lanzadas sin filtros de diálogo, cuestionamiento o posibilidad de interpretaciones, con eso no se juega. La historia no miente y nos dice y recuerda que entre lugares comunes de machismo y alegorías chistosas, la homofobia es en muchas ocasiones el epicentro de sucesos espeluznantes en extremo, a pesar de que el historiador alemán Leopold Von Ranke ya proponía (y prevenía) que en toda reconstrucción de cualquier hecho histórico había que morderse un huevo, o los dos, con tal de hacer un lado “las convicciones y los afanes políticos”.

Sí, se me suele acusar de absolutista mamón, sobre todo con la música y eso que escuchan los gays no más allá de sus narices: “¿Por qué nos recriminas que no escuchemos a Black Flag? ¿No entiendes que eso no es gay?”, me dijeron hace poco. Lo admito. Pero en mi dictadura sólo hay espacio para mis desplantes y placeres. Una libertad de emitir opiniones y echar en cara incoherencias que me gané cuando decidí convertirme en partisano de la dictadura gay, a veces llamada comunidad.

Twitter: @wencesbgay
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