El nuevo orden

Marcha masoquista

El contraste de propuestas entre Lorena Herrera y las dragas de RuPaul fue un presagio de lo que sería la 37ª Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México.

El karma al oportunismo musical existe. La idea era que antes de empezar el show de algunas vestidas que formaron parte del reality RuPaulDragRace entre las temporadas 2 y 6 el viernes previo a la 37ª Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México, Lorena Herrera interpretara su más reciente éxito, “Masoquista”, una pieza de reciclaje electropop domesticado para esa audiencia que en su vida le ha puesto play a la etapa dance de Divine o a los primeros sencillos de Ministry como los incluidos en Early Tracks, compilación remasterizada el año pasado por la Cleopatra Records. Y medio consiguió su propósito.

Y ahí estaba, aventándose un desfachatado show playback en medio de sabrosos bailarines que ponían cara de plomeros porno de algún vhs de principios de los 90 cuando segundos antes de darse vuelo con el bordón aquel que reza las palabras de “rostro, pelazo, cuerpazo y actitud” y que a buena parte de los homosexuales parece llegarles como una inyección de heroína en el prepucio, el audio se interrumpió en seco, como si alguien se hubiera tropezado con un cable desconectando todo el sistema de sonido, llevándose al caño la base del playback que sostenía la voz grabada de la Herrera, quien dejó de serpentear sobre el escenario, sólo sus facciones se contorneaban en expresiones de encabronamiento. Los asistentes no sólo descubrimos el tamaño de sus tetas bajo las luces tipo MP, también quedó en evidencia su tono de voz sin el filtro de la consola del estudio de grabación.

Así dio inicio el gay weekend capitalino esperado por muchos.

Lorena Herrena, furiosa, abandonó el escenario, pero las drag queens de RuPaulDragRace dieron un entrañable espectáculo con sobredosis de extravagancia, ironía y estrobos. Algunas como Sharon Needles, Alaska Thunderfuck y sobre todo CourtneyAct cantaban desde su propio diafragma, otras como IvyWinters o Pandora Boxx hacían histéricos números de lipservice pero más decantados hacia lo pulp que pretendiendo sentirse cantantes de pop.

De alguna manera, el contraste de propuestas entre Lorena Herrera y las dragas de RuPaul fue un presagio de lo que sería la 37ª Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México, una procesión de arcoíris que salvo por la noticia de la legalización del matrimonio gay en Estados Unidos (el dictamen similar de la SCJN no pareció causar el mismo entusiasmo), las novedades fueron nulas: las mismas travestis, los mismos pectorales, disfraces de toda la camada de los Avengers, una aburrida competencia entre los remixes de Lady Gaga y Adele, el común denominador que es el aparatoso choque de trenes ideológicos: aquellos que creen se debe mantener el espíritu político-contestatario de los viejos tiempos y las nuevas generaciones que nutren el aliento de carnaval con estampitas pop recién salidas de la industria que ha hecho de la inclusión una etiqueta con todo y precio sujeto a la época de rebajas.

El fanatismo por ambas posturas me resulta acartonado hasta al aburrimiento. Ambas también suprimen y alejan otras posibilidades de diversidad que también existen. Ambas procuran negar, quizás inconscientemente, cualquier muestra de hedonismo gay que rompa las relaciones diplomáticas con los bugas. Me gustan por ejemplo los desmadres del contingente del Bloque Rosa, y supe hubo una manifestación de voguin contra la monopolización de la marcha, no alcancé a llegar.

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